
Gracias a él y a su pasión por el cine desentrañé por primera vez la infancia de Ciudadano Kane, amé a esos perdedores infinitos que entre una partida de billar y otra destrozaban sus vidas en El buscavidas, descubrí que el hambre podía ser divertido e inteligente con la bota-filete de Chaplin en
No sólo tengo buenos recuerdos de las películas que Garci programó. Escribo este mensaje para reivindicarlo a él y a su siempre denostada cuadrilla. No recuerdo que jamás hayan respondido a ninguno de los muchos ataques a los que han sido sometido. Ataques principalmente ideológicos e idiotas. Yo he disfrutado también con muchas de las tertulias. Ya sé que decir esto no suele estar bien visto. Aún estando en contra de muchas de las opiniones, apreciaciones, filias y fobias que allí se vertían he aprendido mucho de ellas. Tal vez lo más importante: amar al cine sin reservas, sin cortapisas impuestas por modas. Porque eso es lo que más me atraía de esta gente, se sentaban allí, con sus cigarros y sus corbatas, a hablar de lo que más les gustaba, a discutir con fervor sobre algo a lo que han dedicado una parte importante de sus vidas: el cine. Y no hablo profesionalmente sino como aficionados. No puedo dejar de sonreírme al recordar la sempiterna pipa de Miguel Marías, el aporte de datos en plan pesado de Eduardo Torres Dulce, los balbuceos dubitativos de Oti Rodríguez Marchante (mejor dotado para la escritura que para la retórica) la pedantería ilustrada de Juan Manuel de Prada, los invitados puntuales como Antonio Muñoz Molina o Umbral, el sarcasmo resabiado de Juan Miguel Lamet (a él le debo algunas divertidas anécdotas de cuando veía las películas con mis hermanos, como aquélla en la que acusaba de prestidigitador a Spielberg)...
Dos mandamientos marcaban todas sus tertulias: amarás a John Ford sobre toda las cosas y si se proyecta cualquier película de dicho dios, sea la que sea, hay que terminar hablando de Centauros del desierto.
Nunca he sido fan ciego de nadie y por supuesto que también veía y me cargaba lo que tanta gente les criticaba: pedantería ocasional, el peloteo que se traían entre ellos, la incapacidad de discutir de cine con mujeres (se les veía incómodos cuando traían a alguna de ellas para cubrir la cuota femenina) cierto anclaje en el cine clásico (principalmente norteamericano) o su evidente falta de entendimiento de las claves del cine hecho más allá de los 80 (mítico fue el debate de Blade Runner donde sólo se salvó Prada mientras Garci, perdido, terminaba llevando la película al terreno conocido de Fritz Lang)...pero estos tipos no eran dogmáticos, transmitían pasión, entusiasmo, sabiduría y afición. Y eso es demasiado difícil de encontrar hoy en día en cualquier discusión, ya sea en la calle o en los medios de comunicación como para no valorarlo. Sólo hay que fijarse en los debates de Versión Española.
La crítica a Garci y sus compadres tiene su origen en la puñetera manía que hay de politizar a todo el mundo y esta gente además, era fácil y dócilmente etiquetables como de derechas y conservadora. Pecado terrible en el ámbito cultural de este país. Que yo sepa Garci jamás ha hecho pronunciamientos políticos, sólo ha hablado de cine (no como otros que se promocionan hablando de golpes de estado ficticios...)
Por lo tanto, para terminar, tras diez años defendiendo con argumentos entre amigos y conocidos a Garci, a su programa y a sus tertulias y ahora que ya tristemente ha desaparecido de la televisión, he decidido, retrospectivamente, vengarme del tiempo perdido y enviar a tomar por saco a todos los integrantes del primer y segundo grupo de detractores que he conocido. Por lo menos así, sin necesidad de argumentar, conseguiré estar mucho más cerca de sus posiciones y...descansar.
2 comentarios:
Aún aceptando la ironía de tu felicitación, curruco, no podría incluir ese cuarto grupo del que hablas porque el hecho de no comprender las tertulias (en el caso de que así sea) no es motivo suficiente para criticar un programa y los que lo integran.
Yo creo que el problema es que existe cierto desdén hacia el cine como arte por ser popular desde su creación y accesible a todo el mundo y eso impide que se acepte que también se puede discutir sobre él desde un punto de vista artístico y buceando en las fuentes en las que bebe cada autor. No es incompatible. No creo que pretendieras que, por ejemplo, en Estravagario, Rioyo y sus contertulios al hablar sobre libros no pudieran citar a Borges, a Cortázar o los miembros dde la generación del 27. Eso claramente no hace accesible el programa a los lectores de Dan Brown o Ken Follet...¿debieran pues limitarse a este tipo de autores? o poniendo otro ejemplo, imagínate que en alguna de las entrevistas de Punset en Redes charlara con algún físico y no pudieran discutir y hablar (de la manera más clara posible, no niego que se tenga que intentar) sobre Einstein o Minkowski si trataran el tema de la Relatividad Especial. Es imposible. No entendemos que si queremos ver esos programas hemos de intentar conocer ciertas bases anteriores o estar dispuestos a ser humildes y aprender en el caso de que te interese el tema.
Reitero, el problema está en el concepto que se tiene del cine. Qué se persigue al verlo. Yo lo disfruto (y reivindico) muchas veces como fuente entretenimineto puro y duro, sin más. Pero en otras ocasiones me gusta investigar en la intrahistotçria de la creación, en las interpretaciones que se puede hacer de la historia, en el análisis de los trabajos de actores , directores,en entender claves etc...
¿Por qué se le va a permitr a otros artes y al cine no?
Don Eduardo Torres Dulce, hombre brillantisimo, gran jurista, hombre cabal
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