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2007/02/07

Acebes mintió descaradamente en el telediario de Sánchez Dragó

Acebes apareció sonriente, relajado. Sabía que estaba en terreno amigo, en la casa de su compañera Aguirre. Le entrevistaba Sánchez Dragó. El peloteo del veterano periodista-escritor-viajero fue evidente. Su capacidad para hacer las preguntas que su invitado deseaba que le hiciera para soltar sus discursos partidistas, y para no profundizar en sus superficiales, falsas y vacuas respuestas me hace sospechar si mi análisis anterior sobre Dragó pecó de optimismo, y si su telediario no va a ser tan sólo la plataforma perfecta para el PP en Madrid. Porque ante la indiferencia y la aquiescencia del presentador del telediario nocturno de Telemadrid Acebes mintió. Acebes mintió y manipuló en casi todas sus respuestas. Y mientras la gente no abandone sus idiotas banderas y obligue a sus políticos al menos a mentir con menos descaro, vamos a continuar con esta espiral de enfrentamiento en la que estamos inmersos desde hace ya demasiado tiempo.

-Miente y manipula cuando dice que son sólo un partido de centro y posteriormente le añade también el calificativo de centro-derecha. Miente por omisión. Eso del centro no lo entiende nadie. Es una de esas acepciones creadas tan sólo para generar confusión y no decir nada. Y dentro del PP se mueven, nerviosas, facciones de una derecha más dura y belicosa de lo que se quiere reconocer.

-Miente y manipula cuando dice que le parece escandaloso que el PSOE haya anunciado su boicot a los informativos de Telemadrid y que no acudirán miembros de su partido a dichos programas. No parece recordar que lo mismo hacen ellos en programas como 59 segundos desde hace más de un año.

-Miente y manipula cuando dice que Telemadrid es una televisión libre. Considera pues que los espectadores somos gilipollas y no nos enteramos de las inclinaciones políticas de los medios públicos de comunicación. Saber y decir que por ejemplo Canal Sur, en Andalucía, es terreno abonado del PSOE para hacer y deshacer lo que le da la gana no significa en ningún caso que hacer lo mismo pero a la inversa en Madrid sea síntoma de independencia y pluralidad. Es manipulación. Diaria, efectiva, evidente.

-Miente y manipula cuando dice que su partido ama la libertad del individuo sobre todas las cosas. Ese es un rasgo distintivo de los neoliberales y antiguos conservadores: se les llena la boca con palabras como libertad, autonomía, iniciativa privada... Ayer se permitió incluso utilizar todos estos conceptos frente a la idea de “agobios colectivistas”. El discurso se retrotraía treinta años. Como si el muro no hubiera aún caído. En todo caso aman una libertad por ellos gestionada y con sus límites morales impuestos.

-Miente y manipula cuando explica que en nombre de esa bienamada libertad ellos no utilizarían a los intelectuales para realizar campañas de apoyo a su partido. No defiendo el patético papel que artistas o escritores realizan demonizando y machacando a los seguidores del PP. Lo que digo es que si el PP pudiera hacer lo mismo y conseguir el apoyo de personalidades públicas relevantes lo haría sin dudar. Como Sarkozy en Francia, que acepta sin disimulo y con placer el apoyo de algunos de los intelectuales nacidos del Mayo de 68.

-Miente y manipula cuando dice que sería escandaloso no respetar la recusación del magistrado del Tribunal Constitucional y que se forzara la dimisión de éste. Y no porque no tenga razón, lo sería. Sino porque ellos harían exactamente lo mismo. De hecho respetan y piden respeto por las decisiones judiciales que convienen a sus intereses y critican el intervencionismo del gobierno cuando las decisiones no se avienen a sus intereses inmediatos. La demagogia no debiera se útil frente a ciudadanos informados. Es demasiado zafia, grosera, evidente. ¿Qué está pasando?

Toda la entrevista fue una mentira. Una detrás de otra, sin pudor, frente a un impasible Sánchez Dragó que ejercía de estatua de sal y sólo realizaba pregunta tras pregunta sin profundizar en las evidentes contradicciones del monólogo de su invitado. Su despedida final, laudatoria y excesivamente complaciente, descubría el pastel para aquellos que como yo mismo creían que Dragó podría ser un sustituto digno de Yanke desde posiciones políticas liberales. Mala pinta.

Lo más preocupante sin embargo se vio minutos antes de esta entrevista. Dos juristas educados, cultos y civilizados, discutieron sobre el tema del Constitucional. Tras charla animada en la que cada cuál exponía sus puntos de vista sobre el tema, y estaban de acuerdo en exigir una independencia judicial real, los últimos minutos de su encuentro desembocaron en un recordatorio de afrentas a esa independencia por parte del Gobierno y del PP. Abochornado y cansado presencié como cada uno comenzó a soltar la retahíla de presiones sospechosas que cada partido había ejercido sobre el poder judicial en esta legislatura. A ambos se les olvidó por completo que antes habían defendido que la política y el partidismo no debían inmiscuirse en el terreno judicial. Cada uno comenzó a atacar las presiones que habían ejercido el partido contrario a su ideología. Sin matices, sin escuchar al otro, sin darse cuenta de que si sus argumentos eran válidos, debían también ser aplicados a los suyos. Daba miedo. No se escuchaban. Parecía una metáfora del momento social de este país. Los puentes parecen definitivamente rotos. Increíblemente, en una sociedad como la nuestra, parece que nada nos une y todo nos separa. Un ficción muy peligrosa. No se discute ya de política. Se echan espumarajos rabiosos por la boca. En la radio, en la televisión, en la calle. ¿Hasta dónde? ¿Hasta cuándo?

2 comentarios:

Coponcito dijo...

Excelentisimo blog y como siempre un muy acertado comentario.

La situación actual me recuerda, no se si es un cuadro o un grabado de Goya, donde dos hombre con las piernas dentro de la tierra se arrean el uno al otro con palos.

La cosa no ha cambiado desde el siglo XIX.

Es terrible la falta de responsabilidad por ambas partes.

John Constantine dijo...

Puff... Pues no hay solución. Porque en este país la profesión de periodista es lo más parecido a un estercolero que se pueda encontrar. Con ánimo de ofender.