Blog libre e independiente sobre televisión. Noticias, críticas y análisis de nuestra realidad catódica desde el criterio y la libertad.

2007/04/24

Teresa Viejo, Radical


Miguel Iríbar

Teresa Viejo descubrió hace tiempo la Gallina de los Huevos de Oro cuando la nombraron abanderada de las causas que parecen machistas o socialmente inaceptables y ella supo poner esa sonrisa de Teletienda en cada una de sus apariciones.

El primer salto significativo lo dio como la nueva Directora de Interviú y defendió lo difícilmente defendible: Interviú no es una publicación destinada a los revisteros de peluquerías prefranquistas, sino una gran apuesta por el periodismo de investigación y el papel de la mujer como protagonista en los primeros albores del siglo veintiuno.
Vale, aceptamos barco como animal de compañía, y además, si lo tenemos a mano, lo ojeamos, qué demonios.

A Teresa, que venía de experiencias tan dispares como Rockopop o Pasa la vida (con la Campos), la vimos más tarde en 7 días, 7 noches, relevando a Piqueras, que se nos estaba quemando con tanta nocturnidad, con esos reportajes de contenido sensacionalista y los vídeos de alguna Juani que cerraba el programa contando, en lencería y con una iluminación nada favorecedora, sus aventuras como Reina de la noche o futura Grande de España.

Una vez demostrada su versatilidad y el respeto de su público, que la ha situado en un lugar bastante cómodo, se atreve a dar un paso más con el estremecedor Cambio Radical, donde asistimos a la “creación” de un ser operado a partir de otro que al parecer no se sentía a gusto consigo mismo. Tras operaciones que cuestan una auténtica fortuna, somos testigos de esa mirada perpleja de los familiares o amigos de la persona operada, que hacen enormes esfuerzos por darle al asunto una naturalidad que no tiene.

Teresa Viejo les da siempre la “bienvenida a su nueva vida”, en una frase que tendría gracia si no fuera tan real. Cambio Radical nos presenta de una forma obscena la importancia de la belleza (del canon imperante, claro está) en la sociedad actual. Con su descaro al plantear que la gente no podría ser feliz con este o aquel defecto, con la visión de que, efectivamente, al salir de esas operaciones “uno ya no es uno, sino otro”, el programa nos deja a todos en suspenso, sin saber qué decir o cómo juzgar la situación. Lo peor es que estoy seguro de que si la historia te la explica Teresa Viejo en persona, terminarías convencido y le agradecerías su labor social.

Ni que decir tiene que estas operaciones generarán un “coste de mantenimiento” del que el programa no se hará cargo; incluso en ese caso, ojalá ese sea el mayor precio que esa gente pague por todo esto.

2007/04/15

Los trabajadores de Telemadrid se presentarán a las elecciones

La decisión de un grupo de trabajadores de Telemadrid, críticos con la gestión de Manuel Soriano al frente de la cadena de televisión madrileña, de presentarse como partido político a las próximas elecciones autonómicas, abre una nueva y extraña vía para conseguir hacer visible a la sociedad las reivindicaciones laborales de un colectivo con problemas. La videopolítica, el poder de la imagen y la constatación de que sólo lo que se emite a través de los medios audiovisuales llega realmente a una sociedad a la que se le está enmoheciendo la capacidad de sorpresa, solidaridad e interés por las problemas laborales que no le afectan directamente, hace urgente la necesidad de conseguir nuevas formas mediante las que hacer públicos y relevantes estos problemas.

La plataforma salvemos Telemadrid, está a punto de constituirse como partido político en Madrid con algo tan simple como conseguir 120 personas que acepten ir en las listas como candidatos, y 13 más que actúen como suplentes. De esta manera conseguirán su propósito, que no es en principio ni hacer política ni presentar alternativas de gobierno, sino tan sólo la difusión de sus reivindicaciones laborales y sus quejas respecto al tratamiento que se le da a la información en la cadena en la que trabajan, así como denunciar la falta de libertad que asfixia a la cadena desde que gobierna Madrid Esperanza Aguirre y utiliza con guante de hierro el ente público para sus propios propósitos. Para ello tendrán a su disposición los espacios gratuitos que la propia Telemadrid (y TVE en las desconexiones locales) tiene que ceder a todos los partidos en campaña para que puedan explicar sus proyectos... o lo que quieran.

Tras treinta años de democracia, tras haber superado ese fervor inicial que hacía noticia de varios días y de primera plana las huelgas y manifestaciones que los trabajadores hacían en defensa de sus puestos de trabajos o de sus condiciones laborales, lo cierto es que a día de hoy la sociedad esta anestesiada y se muestra completamente indiferente a ese tipo de iniciativas. Y cuando se habla de sociedad uno no es capaz de discernir a una sociedad civil viva y activa, sino que sólo observa en lo que se ha convertido en los últimos tiempos: en una mera receptora pasiva de las múltiples informaciones y sucesos que le proporcionan y con las que la saturan, los medios de comunicación. Lo que debería ser una ventaja sustancial (la multitud de ofertas informativas, de medios de comunicación con distintas tendencias, de distintos e interactivos canales de comunicación) se convierte en una traba para conseguir una información cabal y racional de los hechos que suceden cada día. Los gritos, los titulares grandilocuentes y vacíos, las imágenes impactantes, el show en definitiva se impone en los mass media. Sólo queda la información superficial y espectacular. Y la urgencia. Ante semejante bombardeo el receptor de esa información difícilmente puede apagar o filtrar el circuito por el que es acosado y casi siempre se deja llevar de la mano, como un niño pequeño, por los diferentes sucesos “tremendamente importantes” que cada día le presentan.

Por tanto no queda tiempo para hacerle un hueco informativo y un seguimiento continuado a algo tan aburrido como los problemas sociales o las manifestaciones (a no ser que sean violentas). Nos importa un carajo que 40.000 agricultores se manifiesten en Madrid contra los beneficios abusivos que obtienen los intermediarios de las verduras que ellos cultivan y que encarecen hasta un 700% los precios de las mismas cuando llegan hasta el consumidor. O los problemas de la industria del motor. O los de la textil. O las deslocalizaciones que lentamente se producen en nuestro país y que aparecen en los medios como noticia fugaz, rápidamente sustituida (antes de poder analizarla) por el último y "trascendente" rifirrafe político de turno. O las manifestaciones de los jóvenes que reivindican el derecho a una vivienda digna. Las únicas manifestaciones que importan son las políticas que se revisten (y son revestidas por los medios) de una importancia engañosa por la que todos nos dejamos seducir.

La medida desesperada y creativa de los trabajadores de Telemadrid es en el fondo un intento final de hacerse escuchar, de gritar:”éste es nuestro problema”. Da igual que se esté de acuerdo o no con ellos, lo fundamental es que la sociedad se preocupe de los verdaderos problemas, de los que realmente le afectan en su día a día y a la convivencia general (y la manipulación de los medios públicos con fines políticos debiera ser uno de ellos), y los debata. Para ello la única solución parece ser salir por la televisión.

El agujero legal que presenta la ley electoral que regula la difusión de las ideas e iniciativas de los distintos partidos que se presentan a unas elecciones puede ser, tras este ejemplo, literalmente asaltado por aquéllos que lo único que quieren es hacer públicos sus problemas laborales para que realmente se pueda llegar a una solución digna a los mismos. La sociedad asfixiada siempre encuentra salida a la opresiva realidad artificial, entre feliz y dramática, que pintan cada día los medios y los políticos, y trata de encontrar su espacio para gritar y ser escuchada.

Sólo el hecho de presentarse como partido político ya ha sido noticia. Cuando saquen sus espacios promocionales (ésos que tampoco ya ve mucha gente) seguro que obtienen, debido a la novedad, el eco suficiente que desean. Entre otras cosas, no nos engañemos, por las connotaciones políticas que en este caso tienen las reivindicaciones de los trabajadores de Telemadrid. Pero quién sabe, igual de aquí a unos años los espacios televisivos de las campañas electorales más que políticos se convierten en un desfile de quejas laborales y un escaparate de conflictos sociales. Lo que sea con tal de hacerse oír.

2007/03/28

El puto café

El problema no es que el presidente del gobierno no conozca el precio de un jodido café. De nuevo se yerra al poner el acento en la anécdota de corto recorrido y poco calado. El problema es que ante una de las únicas preguntas importantes, directa e insistente, a la que fue sometido (referida a la pérdida de poder adquisitivo del español medio) se encontró sin recursos, sin capacidad de improvisación, mostrando la realidad de una política y unos políticos desconectados de la sociedad y de los ciudadanos, mostrando la mediocridad intelectual de aquél que se da cuenta que tiene que dar una respuesta pero cuya debilidad de carácter, el miedo al error, el miedo al fracaso, le impiden utilizar los recursos que cualquier conferenciante de medio pelo posee para no sólo salirse por la tangente si se desconoce la respuesta, sino para ofrecer una alternativa apabullante y densa con la que parezca que se contesta a la pregunta aunque en el fondo no se tenga ni puta idea.

A mí me importa un carajo que sepa o no el precio del café, de hecho la elevación de la anécdota a noticia sí que debe preocuparnos como un nuevo ejemplo de la "infomación analítica y sesuda" que estamos recibiendo. A mí lo que me preocupa, es recordar esos dos segundos de duda, esa cara de desconcierto del presidente del gobierno, esa incapacidad de solucionar ese miniconflicto planteado que le apartaba de la senda habitual de la jerigonza política, del lenguaje de las palabras grandilocuentes y de los discursos escritos por otros. Dos segundos que quedan clavados en mi memoria televisiva, que me hicieron sentir esa vergüenza ajena que a uno le invade cuando observa como alguien va a cometer indefectiblemente una tontería mayúscula fruto de su incompetencia.

Dos segundos, y después: "80 céntimos... aproximadamente"

Joder. Lo peor es ese adverbio final... Todavía retumba en mis oídos...

2007/02/26

Repugnante "Sorpresa, Sorpresa"

Por más vueltas que le doy, no logro recordar un programa que me despierte tanta animadversión y repugnancia como Sorpresa, Sorpresa. Ni siquiera la charcutería del tomate consigue levantarme de ese modo el estómago. Honestamente, pienso que se trata de un espacio nocivo, hiriente para el buen gusto y para la sensibilidad de cualquier espectador mínimamente formado. Resulta repugnante por muchas razones, pero entre ellas destaca especialmente su presentadora, Isabel Gemio, y la forma que tiene de conducirse en plató. Con lo que ha llovido en estos días con el anuncio supuestamente ofensivo y machista de Dolce & Gabanna, no sé cómo las asociaciones de defensa de los televidentes pueden permanecer ajenos a esa exhibición semanal de humillación y trato vejatorio desplegado por la señora Gemio.

El domingo casi vomito el yogur al contemplar la escena, la última antes de decidirme a apagar la televisión: un joven había decidido aprovechar el programa para pedir en matrimonio a su novia. La Gemio iba haciendo su habitual paseíllo por el público, metiendo el miedo en el cuerpo a la concurrencia, hasta que decidía detenerse a la altura de una pareja. Por fin se resolvía la primera sorpresa de la noche. El joven, que saboreaba su minutos de fama, se arrodillaba a los pies de la novia, y desenfundaba un anillo de diamante. El propio planteamiento visual ya era un insulto, por no hablar de la música diabética de Día de los Enamorados en El Corte Inglés que retumbaba ensordecedora en el estudio y que obligaba al joven casi a gritar su petición, pero sin duda lo peor era la agresiva inmiscusión de la Gemio. Situada por encima de los dos jóvenes, la presentadora introducía entre sus cabezas el micrófono, a modo de pene invasor, e interrumpía al chico en su declaración, que sin duda nunca habría imaginado así. Pero lo peor estaba por llegar. Sin venir a cuento, la Gemio empezó a preguntar por la procedencia del diamante; extemporáneamente, como si echara sal sobre un caramelo, se lanzó a hacer un alegato contra el tráfico de diamantes en África, y a alabar la última película de Di Caprio. Había que ver la cara del pobre chaval, que a esas alturas seguro que ya estaba arrepentido de la iniciativa. Ya no pude ver más. Me acosté con una mezcla entreverada de sentimientos, a la deriva entre el bochorno y la indignación, y pensé que, en realidad, no hay ninguna diferencia entre el espacio de la Gemio y la matanza de un cochino. No entiendo cómo pueden prohibirse las corridas de toros en Cataluña y cómo este toreo de carne humana no sólo se permite, sino que se respalda con sobredosis de audiencia.


Isabel Gemio es una mala, pésima presentadora. Y lo es por muchas razones. Sus errores de sintaxis y gramaticales son sólo una anécdota (especialmente chirriante resulta su empleo recurrente de la conjugación “ves”, segunda persona del presente “ver”, en función imperativa, en lugar de “ve”, de ir), si se comparan con su incapacidad para tratar a las personas de una manera humana y cercana. Siempre se sitúa en un escalón moral por encima de los sorprendidos, algo que se materializa no sólo en la propia figuración ante la cámara (ella habla de pie, e inclina su pene-micrófono sobre las víctimas), sino, sobre todo, en la forma de abordar las entrevistas. Como el nazi frente al inofensivo judío del gueto, Isabel Gemio aprovecha su conocimiento de las sorpresas para humillar y atemorizar a los sorprendidos. Por momentos me recuerda a un profesora de primaria despótica, pero otras veces me parece un monstruo, sobre todo cuando hurga en las heridas de los entrevistados, cuando se regodea en los detalles penosos de sus vidas, y especialmente cuando realiza contacto físico con ellos: su forma de pasar la mano por la espalda, de pellizcar las mejillas o simplemente de agarrar el brazo me produce una inexpresable inquietud.


Todo esto sería más digerible si al menos el programa tuviera una pizca de buen gusto. Pero todo está montado como un gran banquete de caspa, una tarta descomunal fabricada con ingredientes cutres y de garrafón. Es como una gran OTI semanal, como una gala de fin de año pero sin uvas ni lentejuelas. Con la reposición de Sorpresa, Sorpresa, la tele está involucionando. Es un salto hacia atrás, al igual que lo es el revivalismo de máquinas de la verdad que contaminan nuestras parrillas. Ojo, que podemos ir a peor. No se extrañen que cualquier día, al encender la tele, se encuentren con las Mamá Chicho.

2007/02/22

Lamentable censura a José María García en TVE

Nos quedamos sin ver a José María García. Televisión Española, en un lamentable ejercicio de autocensura, impidió a sus telespectadores ver la entrevista que Jesús Quintero había grabado con el famoso periodista deportivo, aduciendo que en ella sólo había insultos, descalificaciones y ataques. Se trata de un tremendo error de perspectiva, que estoy seguro que a partir de hoy mismo va a pasar factura a la credibilidad de un ente público incapaz de superar las contradicciones que supone cohabitar siempre con los intereses políticos y tratar de hacer malabarismos ideológicos imposibles.

¿Qué puede haber dicho García que no haya dicho ya en sus esporádicas intervenciones de los últimos meses? ¿Qué habrá comentado que no haya contado ya en el encuentro digital de El Mundo o en el programa de Buenafuente? Imagino que nada nuevo, salvo sus críticas a Luis Fernández, nuevo director de RTVE, por su trayectoria en PRISA. García siempre ha hablado claro, sin pelos en la lengua, con insultos a veces y sin medias tintas. Desde luego es conocido que muchos de sus ataques provienen de cierto rencor acumulado por su triste despedida de Onda cero, de cómo entonces se sintió traicionado por Aznar por no ayudar a levantar un conglomerado mediático independiente del poder político bajo el paraguas de la Telefónica de Villalonga, que sirviera para contrarrestar al imperio de Polanco. Demasiado contradictorio: sentirse traicionado por políticos para conseguir la independencia de ellos. Lo curioso es que García también ha arremetido últimamente contra Losantos y su extremismo mañanero, porque él quiere representar un periodismo conservador clásico, aunque combativo, que no reconoce en su antaño compañero de desventuras en la COPE.

Y ahora, gracias a la lamentable decisión de los responsables de TVE, de algún personajillo que se considera importante al que le habrá molestado que se le cite en la entrevista, vamos a tener un revuelo importante que va a servir para poner de nuevo en primer plano a un José María García que se había quedado ya sin espacio propio en las ondas españolas tras superar el difícil trance de su enfermedad, pero al que van a utilizar como estile contra la cadena pública. Se lo merecen. Estoy seguro que las palabras de García no son más corrosivas para la democracia ni para el buen gusto que las intervenciones de algunos tertulianos de 59 segundos, ni de peor clase que las imágenes de la vida íntima de algunas personas que emiten algunos espacios de TVE, ni tan chabacanas como los guiones de Ana y los siete, ni tan manipuladas como algunos debates de Enfoque.

Mala idea la censura, como escribía en el anterior post . Pésima idea y más patética si cabe cuando se hace arbitrariamente en nombre del buen gusto.

Por cierto, a todo esto...¿Qué pensará de esta historia Jesús Quintero? ¿No dirá nada? ¿Asumirá que se censuren sin más sus entrevistas y que quede para tratar sólo temas del corazón y otras basuras? ¿Con pretensiones de clase y profundidad?

2007/02/20

La censura, mala solución al sectarismo periodístico

No me parece la solución correcta al partidismo y sectarismo de muchos periodistas. Leo en un artículo de El Mundo que un periodista francés será vetado en la radio y televisión públicas francesas debido a que ha mostrado su disposición a votar a uno de los candidatos en las próximas elecciones. Al parecer France 2 se apoya en los principios incuestionables de independencia y neutralidad para justificar el veto hasta que pasen las elecciones. Igualmente han vetado a otras dos periodistas por tener lazos sentimentales con diferentes políticos. Es un error. Pura soberbia. Además de una barbaridad. Estos vetos me parecen una perversión del sentido de la justicia, son poco útiles en la búsqueda de honestidad en el periodismo, y en cambio son francamente peligrosos para la defensa de esa objetividad e independencia con la que se le llena la boca a los medios públicos franceses.

Los periodistas no son jueces, no tienen que dictar sentencias inapelables basadas en verdades incuestionables. Son sólo eso, periodistas, analistas y observadores de la realidad, sobre la que aportan su visión, sus conocimientos y su experiencia. Representan sólo un filtro que tienen los ciudadanos para conformar su propia visión personal de las cosas, un complemento de sus propias capacidades. El hecho de utilizar lo expresado en una conferencia pública para cerrar el micrófono y eliminar la voz de un periodista es un acto de tremenda arrogancia, una actuación despótica envuelta en la pretenciosa bandera de la credibilidad y la imparcialidad. Con esta actuación estos medios quieren lanzar un mensaje a los ciudadanos: sus tertulias, sus análisis sus datos son totalmente imparciales y equidistantes. Y tal hecho es completamente imposible. Lo que un medio debe procurar es que en sus informaciones prevalezca el principio de no manipular la realidad y trasladar los datos lo más claro posible a sus lectores, oyentes o televidentes. Y que en sus opiniones, en sus análisis, se trate de dar cabida a la mayor pluralidad de voces posible, voces que aporten diferentes visiones de esa información, dentro de un contexto mediático lo más imparcial posible. Si esto ya es complicado de conseguir a día de hoy, lo otro, la pretensión de una estricta independencia y neutralidad en los periodistas, no es más que un patraña artificiosa y hueca que en el fondo hace sospechar sobre la libertad individual de un trabajador que vive de dar su opinión y sus análisis y que de repente, encuentra amenazado su puesto de trabajo debido a sus convicciones personales, a elementos de su vida íntima y no a deficiencias en su labor profesional.

Porque desarrollando la idea del veto y profundizando en el tema de las relaciones personales (el otro motivo esgrimido para echar a las dos periodistas) lo cierto es perturba y asusta a partes iguales que la empresa para la que trabajes (ya sea pública o privada) pueda conocer y utilizar elementos de tu intimidad para presumir de tu falta de criterio e independencia, y así sin más motivos, prescindir de ti. ¿Dónde queda la presunción de inocencia? ¿Por tener un hermano, un marido o un amigo político ya todas tus actuaciones estarán tergiversadas? O lo que es más grave, ¿por no tenerlo será el periodista más justo e imparcial? Y surgen más preguntas: ¿no debe tener ideología o ideas propias el periodista? ¿No debe comunicárselas a sus oyentes? ¿No es preferible eso a que se convierta en una especie de robot que no sirva para generar debate ni reflexión? El problema no debiera ser saber si va a votar a alguien o no, ni si está casado con un político o no, el problema es valorar su trabajo con rigor y exigirle claridad y honestidad en la exposición de sus ideas. Lo contrario retrotrae a épocas oscuras del siglo que ya murió, donde el miedo y el desprecio a la libertad de pensamiento hicieron mucho daño a la sociedad europea.

Nada me gustaría más que los medios españoles no dieran cabida a megatertulianos tan sectarios y dogmáticos como Enric Sopena, Curri Valenzuela, Carlos Carnicero, Ignacio Villa o Isabel Durán. Pero me gustaría que se hiciera desde el convencimiento de las empresas de comunicación de que tergiversar por convicción, de que manipular las informaciones para atacar y demoler a los adversarios ideológicos, y de que la utilización de la calumnia, el insulto y el desprecio para conseguir los objetivos particulares no son comportamientos ni rentables ni éticos. Que fueran los ciudadanos, formados y avisados, los que se dieran cuenta de que no se pueden fiar de las opiniones de estos tipos y dieran la espalda a su periodismo rancio y trasnochado. Pero no desde el veto o el miedo. Sino desde el conocimiento y la libertad. Desde la convicción de que otra forma de informar y opinar más veraz y menos sectaria es posible. Pero que ese objetivo no debe conseguirse por atajos extraños y debe alcanzarse desde el máximo respeto a la libertad de pensamiento.

La credibilidad no se impone, se consigue.

2007/02/09

El sacrificio de Erika Ortiz

Por fin, el cisma. En este mundo de símbolos, la muerte de Erika Ortiz puede leerse perfectamente como un sacrificio en beneficio de la higiene y la salud pública. La Historia está llena de muertos cuya sangre sirvió de alimento a las guerras. Todavía hoy seguimos salpicados por la sangre de los fallecidos del 11-S: la vemos en Afganistán, en Irak, en la esquizofrenia global que gobierna la política mundial y que tiene su icono más perfecto en la imagen ambivalente del presidente de EE.UU.: unos días caricatura, otros días pariente sanguíneo de Charles Manson. Sin ir más lejos, la propia Gran Guerra, de cuyas aguas surgieron estos lodos, se desencadenó a partir de un disparo. Probablemente, viendo lo que ha ocurrido en el mundo, especialmente en zonas como los Balcanes, Gabrilo Prinzip se hubiera pensado muy mucho descerrajar el revólver contra Francisco Fernando y su señora.

Erika Ortiz puede marcar el punto de arranque para un proceso sin precedentes de limpieza dentro de nuestro periodismo. El debate en torno al tratamiento que debe darse a la información sobre el triste fallecimiento de la hermana de Letizia Ortiz está encendiendo la mecha de un fratricidio muy interesante. La prensa “seria”, con El País, El Mundo y ABC a la cabeza, se postula como defensora de la intimidad y el respeto frente a los medios más rapaces, que evidencian su apetito frisando nuestros hogares de un inflamado rojo sangre.


Resulta saludable asomarse a los magazines matutinos y vespertinos de estos días para ver hasta qué punto el fallecimiento de Erika Ortiz está transformando nuestra televisión. El nutrido circo de supuestos periodistas de investigación se ha quitado la careta. Dorian Gray ya no es bello: el cuadro sale a la luz y evidencia su monstruosidad amoral. Viendo cualquier programa rosa, contemplando cómo un puñado de personajes se revuelven contra lo que consideran una afronta de sus hermanos serios, tengo la sensación de estar presenciando a un puñado de chacales hambrientos en una jaula. Incluso he estado tentado de arrojar una chuleta cruda contra la televisión.


El tomate se pudre, la salsa rosa se agria... A Ana Rosa Quintana se le asoman dos colmillos, y María Patiño empieza a parecerse peligrosamente a Lon Chaney. Esto cobra por momentos el aspecto de una película de terror de Serie B. Sólo una guerra civil entre periodistas podía acabar con esto. Sonrío de felicidad frente al televisor. Ya es hora de que se emita un reality de calidad.

2007/02/07

Acebes mintió descaradamente en el telediario de Sánchez Dragó

Acebes apareció sonriente, relajado. Sabía que estaba en terreno amigo, en la casa de su compañera Aguirre. Le entrevistaba Sánchez Dragó. El peloteo del veterano periodista-escritor-viajero fue evidente. Su capacidad para hacer las preguntas que su invitado deseaba que le hiciera para soltar sus discursos partidistas, y para no profundizar en sus superficiales, falsas y vacuas respuestas me hace sospechar si mi análisis anterior sobre Dragó pecó de optimismo, y si su telediario no va a ser tan sólo la plataforma perfecta para el PP en Madrid. Porque ante la indiferencia y la aquiescencia del presentador del telediario nocturno de Telemadrid Acebes mintió. Acebes mintió y manipuló en casi todas sus respuestas. Y mientras la gente no abandone sus idiotas banderas y obligue a sus políticos al menos a mentir con menos descaro, vamos a continuar con esta espiral de enfrentamiento en la que estamos inmersos desde hace ya demasiado tiempo.

-Miente y manipula cuando dice que son sólo un partido de centro y posteriormente le añade también el calificativo de centro-derecha. Miente por omisión. Eso del centro no lo entiende nadie. Es una de esas acepciones creadas tan sólo para generar confusión y no decir nada. Y dentro del PP se mueven, nerviosas, facciones de una derecha más dura y belicosa de lo que se quiere reconocer.

-Miente y manipula cuando dice que le parece escandaloso que el PSOE haya anunciado su boicot a los informativos de Telemadrid y que no acudirán miembros de su partido a dichos programas. No parece recordar que lo mismo hacen ellos en programas como 59 segundos desde hace más de un año.

-Miente y manipula cuando dice que Telemadrid es una televisión libre. Considera pues que los espectadores somos gilipollas y no nos enteramos de las inclinaciones políticas de los medios públicos de comunicación. Saber y decir que por ejemplo Canal Sur, en Andalucía, es terreno abonado del PSOE para hacer y deshacer lo que le da la gana no significa en ningún caso que hacer lo mismo pero a la inversa en Madrid sea síntoma de independencia y pluralidad. Es manipulación. Diaria, efectiva, evidente.

-Miente y manipula cuando dice que su partido ama la libertad del individuo sobre todas las cosas. Ese es un rasgo distintivo de los neoliberales y antiguos conservadores: se les llena la boca con palabras como libertad, autonomía, iniciativa privada... Ayer se permitió incluso utilizar todos estos conceptos frente a la idea de “agobios colectivistas”. El discurso se retrotraía treinta años. Como si el muro no hubiera aún caído. En todo caso aman una libertad por ellos gestionada y con sus límites morales impuestos.

-Miente y manipula cuando explica que en nombre de esa bienamada libertad ellos no utilizarían a los intelectuales para realizar campañas de apoyo a su partido. No defiendo el patético papel que artistas o escritores realizan demonizando y machacando a los seguidores del PP. Lo que digo es que si el PP pudiera hacer lo mismo y conseguir el apoyo de personalidades públicas relevantes lo haría sin dudar. Como Sarkozy en Francia, que acepta sin disimulo y con placer el apoyo de algunos de los intelectuales nacidos del Mayo de 68.

-Miente y manipula cuando dice que sería escandaloso no respetar la recusación del magistrado del Tribunal Constitucional y que se forzara la dimisión de éste. Y no porque no tenga razón, lo sería. Sino porque ellos harían exactamente lo mismo. De hecho respetan y piden respeto por las decisiones judiciales que convienen a sus intereses y critican el intervencionismo del gobierno cuando las decisiones no se avienen a sus intereses inmediatos. La demagogia no debiera se útil frente a ciudadanos informados. Es demasiado zafia, grosera, evidente. ¿Qué está pasando?

Toda la entrevista fue una mentira. Una detrás de otra, sin pudor, frente a un impasible Sánchez Dragó que ejercía de estatua de sal y sólo realizaba pregunta tras pregunta sin profundizar en las evidentes contradicciones del monólogo de su invitado. Su despedida final, laudatoria y excesivamente complaciente, descubría el pastel para aquellos que como yo mismo creían que Dragó podría ser un sustituto digno de Yanke desde posiciones políticas liberales. Mala pinta.

Lo más preocupante sin embargo se vio minutos antes de esta entrevista. Dos juristas educados, cultos y civilizados, discutieron sobre el tema del Constitucional. Tras charla animada en la que cada cuál exponía sus puntos de vista sobre el tema, y estaban de acuerdo en exigir una independencia judicial real, los últimos minutos de su encuentro desembocaron en un recordatorio de afrentas a esa independencia por parte del Gobierno y del PP. Abochornado y cansado presencié como cada uno comenzó a soltar la retahíla de presiones sospechosas que cada partido había ejercido sobre el poder judicial en esta legislatura. A ambos se les olvidó por completo que antes habían defendido que la política y el partidismo no debían inmiscuirse en el terreno judicial. Cada uno comenzó a atacar las presiones que habían ejercido el partido contrario a su ideología. Sin matices, sin escuchar al otro, sin darse cuenta de que si sus argumentos eran válidos, debían también ser aplicados a los suyos. Daba miedo. No se escuchaban. Parecía una metáfora del momento social de este país. Los puentes parecen definitivamente rotos. Increíblemente, en una sociedad como la nuestra, parece que nada nos une y todo nos separa. Un ficción muy peligrosa. No se discute ya de política. Se echan espumarajos rabiosos por la boca. En la radio, en la televisión, en la calle. ¿Hasta dónde? ¿Hasta cuándo?

2007/01/31

El egotelediario de Fernando Sánchez Dragó

Se le ve como un niño con juguete nuevo. Satisfecho, tan encantado de conocerse a sí mismo como siempre, con ganas y necesidad de reivindicar lo libre e independiente que es. Y lo liberal, ojo, que ahora en los últimos años a liberal no le gana nadie a Sánchez Dragó, o al menos eso grita y vocifera a los cuatro vientos. Parece estar de moda esto de los telediarios de autor, pero lo cierto es que desde las corbatas de Carrascal o los cabeceos de Hermida, pasando por la pléyade de presentadores norteamericanos que han utilizado este formato personalista que ahora reformula Sánchez Dragó, llevamos muchos años presenciando telediarios de este estilo. Nada nuevo bajo el sol televisivo.

No me cae mal Sánchez Dragó. Tampoco especialmente bien. Su discurso de niño terrible y políticamente incorrecto me resulta un tanto irritante. Hablo de su faceta periodística, claro. Sus programas de libros han sido siempre auténticas bombas de relojerías en los que se mezclaban su inagotable verborrea y egocentrismo que impiden siempre que en cualquier entrevista a autor conocido no terminen apareciendo referencias a libros del propio Dragó o narraciones de sus propias vivencias personales, casi con el exclusivo afán de eclipsar al entrevistado (memorable su arrebato místico-liberal de hace poco tiempo frente a Jiménez Losantos en la presentación de su último libro, en el que se vanagloriaba de ser más liberal que el propio FJL y aseveraba sin pudor que él por privatizar, privatizaría hasta el Museo del Prado) o su capacidad para moderar fantásticas tertulias entre personajes de lo más dispar (por ejemplo, hace unos años, antes que la progresía lo echara de TVE, invitó a Mayor Oreja y a Anasagasti a participar en un coloquio con otros dos autores sobre la figura de Sabino Arana, con un resultado divertido y didáctico).

Ahora, gracias a la manipulación política del canal autonómico de Madrid y a los tejemanejes que acabaron con el despido de Germán Yanke, le llega la oportunidad de hacer un telediario a su medida, al menos durante un tiempo, hasta las elecciones autonómicas, pues el PP querrá hacer creer que no ejerce el férreo control ideológico que de hecho ejerce en Telemadrid y querrá vender la imagen de falsa independencia y pluralidad. Un telediario además al que nadie le va exigir ritmo, ni altas audiencias, ni ortodoxia a la hora de seleccionar las noticias. Pero que ofrece algo distinto que se agradece a la medianoche. Ofrece sosiego, discusión civilizada, invitados conocedores del tema del que se habla, ausencia de tertulianos todoterreno y la certeza de no saber nunca por dónde va a salir la estrella, que ejerce de ello, que se sabe diva y por tanto caprichosa y ¿libre?

De momento el telediario es distendido, respira cierta informalidad. A Dragó se le ve un tanto envarado en la mera lectura del telepronter, pero más suelto cuando entrevista o discute con sus invitados. Le acompaña presentando el telediario la inevitable periodista que le quita material superfluo y que aporta un punto de mayor dinamismo y ortodoxia informativa, mientras que él se queda con las noticias y secciones más jugosas del telediario, aquellas que le interesan y le apetece contar. Ya ha mandado de momento a la basura los deportes. Lo considera irrelevante y no da una sola noticia sobre ello. Desdeña la economía y prioriza las noticias políticas y literarias. Lo dicho, en su salsa. Se le veía disfrutar malévolamente cuando explicaba el porqué de la ausencia de noticias de deportes en su informativo.

Un tipo tan vanidoso como Sánchez Dragó tiene una ventaja: siempre pensará que puede enfrentarse a cualquier invitado, de cualquier pelaje, y salir victorioso. Estoy seguro que buscará siempre reivindicarse como independiente porque sabe que muchos piensan que es un parche al despido deshonroso y miserable de un Germán Yanke que no se sometió totalmente al poder de Manuel Soriano, presidente de Telemadrid y perrito faldero de Esperanza Aguirre. Veremos cómo evoluciona. Mientras tanto un pero. Aunque es agradable ver terminar un informativo con la declamación orgullosa de un poema de Lope de Vega, y también es interesante el papel preeminente que la cultura y la literatura tendrán en su informativo, de nuevo ni un minuto de ciencia, noticiosa o divulgativa, aparece en un informativo español. Ni siquiera en uno tan heterodoxo como éste. En este tema todas las cadenas, todos los informativos y todos los presentadores ejercen al unísono de lo que son, analfabetos científicos, que además parecen estar orgullosos (o al menos no preocupados) de serlo. Una pena.

2007/01/21

Futurama, diversión asegurada en la sobremesa

Cada día, tras el almuerzo, entre tomates putrefactos y patéticos culebrones, aparece en La Sexta la reposición de una de las series de animación más divertidas de la historia de la televisión. Estoy hablando de Futurama, la serie creada por Matt Groening en la que un repartidor de pizza, fortuitamente criogenizado en la actualidad, despierta en el año 3000 en una futura "Nueva Nueva York" plagada de robots, alienígenas y seres extraños. Groening, que fuera también el creador de la familia de animación americana más famosa de todos los tiempos, Los Simpson, cuyas infinitas reposiciones en A3 han provocado cierto hartazgo, ideó esta serie futurista e irónica que se emitió en EEUU durante cuatro años (y que en España fue maltratada por A3 cuando tuvo los derechos, ya que la emitía como mera comparsa de Los Simpson) y que le permitía desarrollar un humor diferente, más cínico y libre, que con la ya más institucionalizada serie de la familia de Springfield.

Y lo cierto es que Futurama tenía vida propia más allá de Homer, puesto que al transcurrir en el futuro y desligarse de la vida tradicional americana y sus contradicciones, permitía a sus creadores todo un abanico de posibilidades para desarrollar su creatividad e ingenio hasta límites inimaginables, crear personajes absolutamente extravagantes, homenajear a los clásicos escritores de ciencia ficción de los años 50 y plantear situaciones y diálogos brillantes y absurdos.

La gran fuerza de Futurama reside evidentemente en sus personajes. Todos ellos (Fry, Leela, el viejo inventor sobrino de Fry...) poseen rasgos que se debieran considerar negativos pero que permiten multitud de situaciones en las que resuelven sus problemas precisamente enarbolando esos defectos como bandera. Sobre todos ellos destaca la figura de Bender, el robot doblador de vigas amigo de Fry, uno de los mejores y más divertidos personajes de ficción creados en los últimos 20 años (el doblador español clava su interpretación, por cierto) que reúne en él todos los defectos inimaginables. El robot es un borracho (¿cómo llegarían a la idea de un futuro donde un robot tiene que ser un alcohólico para mantenerse sobrio, puesto que no beber le produce una terrible resaca y le lleva a la muerte? Realmente me imagino a los tipos cuando lo decidieron partiéndose de la risa), es misántropo, egocéntrico, ladrón, y terriblemente sarcástico pero a pesar de todo es querido por sus amigos y sus intervenciones son siempre bienvenidas por el espectador. Otro personaje muy curioso, en principio secundario, es el Dr Zoidberg, una especie de langosta alienígena que ejerce de pésimo médico del grupo de tarados ya señalado, y que representa el punto de humor más absurdo y surrealista de la trama, puesto que sus apariciones, esporádicas y cortas, parece que nunca tienen que ver con el débil hilo que une los gags de cada episodio, pero retan al espectador, provocando incredulidad y sorpresa por el surrealismo de sus intervenciones. No desentonaría en alguna película de los hermanos Marx.

Tras cuatro años en antena, desde 1999, la serie fue retirada en EEUU pero posteriormente, ante la presión de sus seguidores y el enorme éxito de las ventas de todas las temporadas en DVD, los directivos de la Fox parece que han reflexionado y ya se habla de la creación de nuevos episodios para una nueva temporada. Episodios donde podremos disfrutar de momentos tan divertidos como cuando Bender se convirtió en un terrible dios de unos liliputienses que habitaban en su cuerpo metálico, o unos parásitos de un sándwich en mal estado hicieron más inteligente y fuerte al torpe de Fry; o el capítulo donde Brannigan (un capitán vanidoso y relamido del ejército espacial del mundo, en clara referencia al capitán Kirk de Star Trek) y el propio Fry son condenados a "muerte por quiqui" en el planeta de las amazonas gigantes, o cuando Fry se convierte en su propio abuelo al acostarse con su abuela en un viaje accidental al pasado, obviando todas las posibles paradojas que la ciencia ficción lleva años planteándose. Y así un sinfín de momentos memorables que ahora se pueden disfrutar de nuevo en las emisiones (un tanto desordenadas) de La Sexta. Dibujos animados de calidad para todas las edades.

2007/01/18

"Camera Café": ¿Dónde está la gracia?

Tengo que admitir que a veces la televisión logra desconcertarme. Por más que lo veo y reveo, no consigo entender cómo Camera Café, el espacio de humor que sirve de antesala al prime time en Telecinco, ha logrado alcanzar tal nivel de éxito entre la audiencia y, sobre todo, tanto predicamento entre la crítica televisiva nacional. Aunque me lo he propuesto de veras varias veces, con predisposición y talante favorable, no consigo superar el hecho de que este supuesto espacio humorístico no me despierta ni la más remota simpatía.

Lo mejor que puedo decir de Camera Café es que al padecerlo siento cierta sensación de nostalgia: recuerdo los teatros infantiles de fin de curso, a los que consagrábamos indecibles horas de ensayo, y que después interpretábamos torpemente ante la indiferencia de los compañeros y el cariño incondicional y benevolente de nuestros padres. Camera Café comparte en sus guiones y en su interpretación cierto territorio común de amateurismo y pachanga con aquellos teatrillos de vodevil que cualquier profesor de Lengua con ínfulas de dramaturgo preparaba con entusiasmo y fruición para mayor gloria de sus alumnos. Ignoro cómo será el formato matriz francés, pero lo que es el español no me mueve más que al sonrojo y al zapeo.

Probablemente el problema está en mí. Todo lo que leo sobre la serie está plagado de epítetos que no reconozco: “una serie que destila mala leche”; “un fresco mordaz de tipos humanos”; “un espacio para la sonrisa inevitable”. ¿Realmente provoca hilaridad ver al insufrible Arturo Valls –lo siento, no lo soporto, por más que Telecinco pretenda imponerlo como el nuevo chico-para-todo del canal, al estilo de Jesús Vázquez o Jaime Cantizano- ensartando sandeces frente a Carolina Cerezuela, que ejerce estática y perenne su rol de “rubia tonta” (por cierto: ojo a esta chica; pronto la tendremos hasta en la sopa)? Lo que más me “mosquea” de esta falta de sensibilidad por mi parte es que, objetivamente, el espacio está apoyado sobre varios pesos pesados y valores indiscutibles del panorama audiovisual: está el inclasificable y versátil Álex O’Dogherty; está el elogiado Daniel Albadalejo; están los autores de La Cuadrilla, con un primer largo realmente notable... La única forma que tengo de razonar esta indiferencia es pensar que quizá con Camera Café pasa algo así como con el Real Madrid. Todos son galácticos, pero al salir al campo hacen un juego lamentable.

2007/01/11

"Los Hombres de Paco", española pero bien hecha

Anoche seguí con una mezcla de sorpresa e interés el regreso de la teleserie de Antena 3 Los Hombres de Paco. Lo cierto es que en sus primeras semanas de emisión ya llamó mi atención, pero después de la primera temporada la serie parece haber ganado en solidez y en complejidad. Ayer me encontré con una propuesta bien elaborada, con un montaje impecable, un guión consistente y unos personajes creíbles y bien compuestos. No es una genialidad, pero resulta esperanzadora por lo que respecta a la salud de la ficción española.

A cualquiera que vea la serie se le ocurrirán a buen seguro un buen racimo de críticas y objeciones. Entre ellas, probablemente, las más abundantes se referirán a los personajes, quizá demasiado estereotipados y muy proclives al tópico, y al tono ibérico-landista de los diálogos y las situaciones. Para las dos críticas hay réplica. En cuanto a los personajes, el carácter estereotipado es una cuestión que resulta insalvable, y me atrevería a decir que incluso necesaria para una teleserie. Nos guste o no, la teleserie española bebe mucho del sainete español de comienzos de siglo (Jardiel Poncela, Benavente...), donde la puesta en escena de tipos que sintetizaban atributos y características –“el guapo”, “el tonto”, “la decente”, “la solterona”- era una práctica habitual. No se trata, en cualquier caso, de una flaqueza de nuestro teatro: el mismísimo Oscar Wilde adoptaba habitualmente este planteamiento en sus obras teatrales. El recurso del topicismo lastra, es cierto, la profundidad psicológica de los personajes, pero también permite poner en escena y manejar con solvencia situaciones muy diversas. Este es, no lo olvidemos, uno de los grandes recursos de la telenovela, que bebe, tampoco hay que perder la perspectiva, de la novela realista del siglo XIX. Y que yo sepa, nadie ha quemado todavía a Perez Galdós, Dostoievski o Flaubert.

En cuanto al tono de la teleserie, aunque ha incrementado su vis dramática, es cierto que recurre de manera continua al “iberismo”: chistes y situaciones en las que se explota la línea algo ramplona, malhablada y excesivamente proclive al cliché sexual que caracteriza eso que se ha llamado el humor español. Me parece, en cualquier caso, que este “iberismo” siempre se emplea de forma contenida. En el capítulo de Los Hombres de Paco de ayer había humor negro, ironía, mala leche, ataques de cuernos y tristeza. Todos estos elementos están en nuestra tradición artística y literaria, desde Cervantes hasta Valle-Inclán, pasando por Quevedo y Goya. Son los cimientos sobre los que se sostiene nuestra cultura. Que lo veamos como algo muy próximo no le resta valor a Los Hombres de Paco. Más bien se lo concede, porque, lejos de la pretenciosidad o la vocación de modernidad y vanguardia, asume su condición de heredera de una tradición. Los Hombres de Paco no es más que un producto español.

2007/01/10

Sobre los atajos de la fama

Tremendo revuelo el que se ha montado a raíz de la publicación del último número de la revista Interviú. En su portada, la gallega Ana María Ríos parece desquitarse de los malos momentos que vivió tras su confusa y esperpéntica detención en Cancún luciendo un palmito intachable, con cierto aire de calendario garajero. Eso que ahora se llama la sociedad civil se ha echado las manos a la cabeza, pertinentemente zarandeada por la voracidad de los medios más amarillos, por lo que consideran un signo de desfachatez y una falta total de coherencia: nadie acaba de entender cómo la gallega ha podido aprovechar su desgracia de una forma tan frívola, sobre todo teniendo en cuenta que su liberación fue posible gracias en parte a la generosa dádiva de su entorno más cercano. Ella se desquita y arguye que, desde muy joven, siempre mantuvo el deseo de cumplir ese sueño: posar para Interviú.

Los caminos del ansia de notoriedad son inescrutables. Ana María Ríos acaba de ingresar en la taifa de la fama rápida y fácil. Ya se ha hecho con los servicios de un representante, y después del asalto al quiosco ya se relame preparando su despegue catódico. No hay que ser muy torpe para imaginar que éste se producirá este fin de semana, en cualquiera de los espacios charcuteros que decoran el fin de semana.

La fama se ha afianzado, qué duda cabe, como un gran tótem de nuestro tiempo. Constituye un valor en sí mismo, algo que causa admiración, al mismo nivel que la inteligencia, el ingenio o la destreza física. Los famosos desprenden un halo a su paso que se acerca bastante al que provoca la contemplación de una piedra preciosa. Al margen de nuestra opinión sobre el famoso de turno, al rozarnos en el AVE con cualquier fantoche de cara televisiva padecemos cierta sensación de estar asistiendo a una epifanía, un momento vibrante e intenso, directamente relacionado con nuestra experiencia de espectador televisivo. Hasta la persona más seria y coherente no puede evitar sentir cierta fascinación absurda al encontrarse con Isabel Pantoja en Barajas. En ese sentimiento inconsciente e incontrolable reside a mi juicio una pulsión atávica que nos acerca a las raíces de lo religioso, del culto primigenio al tótem, a la figura, al símbolo.

Gracias a la Revolución Francesa y a la Ilustración, conseguimos domarnos y aprender a convivir con las categorías, la estructura y la razón. Occidente está construido sobre los principios apolíneos y sobre el pensamiento científico. Pero hay aspectos que huyen por los resquicios de esta estructura. La religión es una de ellas. La fama constituye algo así como una especie de religión pagana y postmoderna, plagada de iconos y de símbolos tan ricos como cualquier fresco de Miguel Ángel o de El Bosco. Su problema, como casi todo lo postmoderno, es la vacuidad: la condición de carcasa hueca, de huevo de chocolate que no depara ninguna sorpresa en su interior.

Ana María Ríos probó la miel de la fama con su infortunio en Cancún. Fue una fama fea, sucia, desagradable, pero lo suficientemente adictiva como para incitarla a repetir. Lo único objetable, a mi juicio, es el mal gusto de su opción: ya puestos, podría haber elegido alguna publicación menos casposa. Pero se trata, a qué dudarlo, de un golpe hábil y sagaz: con este viraje, la gallega acaba de abrir una nueva puerta en la gruta de la fama; la puerta más lucrativa y rentable, donde habitan, como en el Jardín de las Delicias de El Bosco, los monstruos, asesinos y degenerados con más lustre del Paraíso. Larga vida televisiva a Ana María Ríos. Muy pronto, se le rezará en los templos de la prensa rosa.

2007/01/01

El humor ácido de Ángel Martín en La Sexta

En esta ocasión decidí evitar las absurdas y repetitivas retransmisiones de las campanadas de fin de año que año tras año realizan las cadenas más veteranas de la televisión española, y optar por ver la última media hora del año que se iba y las campanadas en La Sexta, con Patricia Conde y Ángel Martín, presentadores del programa semanal Sé lo que hiciste la última semana, que fueron los encargados de despedir el año en el nuevo canal de televisión.

Frente a la tradición y la clase (¿aburrimiento y encorsetamiento?) que propone año tras año TVE (si repitieran la retransmisiones de años anteriores se ahorrarían el sueldo del sempiterno Ramón García), la falta de fuerza habitual de las retransmisiones de A3, y la evidente sensación de que esa noche no tiene nada que hacer de T5, que cada año se inventa algo más raro para presentar las campanadas (este año utilizaron a los actores del culebrón Yo soy Bea) La Sexta, consciente de que su cuota de pantalla sería mínima, emplazó a los conductores de su programa más subversivo y cachondo a un especial fin de año que terminase con la despedida del 2006.

El programa era una especie de refrito, con nuevos guiones, de lo que ya habían mostrado a lo largo del último trimestre en el programa semanal. Para los que no conozcan el formato, se trata de una recopilación de las mayores majaderías y chorradas de los programas de cotilleo y escarnio público de todas las cadenas de televisión, locales y generalistas, sacando punta y humor de ellas, de su imbecilidad, de los imbéciles que las generan y de la falta de entidad y seriedad de aquellos a los que se les llena la boca diciendo que son periodistas.

Esa sección del programa (tiene otras que no he visto) la presentan, como ya he dicho, Patricia Conde y Ángel Martín. Con un guión preestablecido y unos roles evidentes (ella de ingenua graciosa y él de cínico sarcástico) comentan las imágenes de los programas aludidos con un humor negro y directo que funciona casi siempre a la perfección. El alma de la sección es evidentemente Ángel Martín, un tipo en absoluto ajeno al mundo de la televisión, pues ya fue guionista de 7 vidas (de ahí la mala leche) y perteneció a la factoría de cómicos de Paramount Comedy. Con una forma de expresarse muy diferente a la habitual en televisión, analiza con acidez e ironía (y un puntito de desprecio) a los supuestos periodistas del corazón, descubriendo sin compasión sus vergüenzas, sus contradicciones, sus latiguillos, sus inconsistencias, sus trampas y sus mamoneos, pero eso sí, importante, la crítica sólo se centra en el mal ejercicio de su profesión. El programa elude sin pudor esa máxima corporativista de perro no come carne de perro, que tanto les gusta utilizar a los periodistas, y seguramente sólo se podría emitir en una cadena como La Sexta, cuya repercusión mediática es prácticamente nula. Usando un lenguaje directo, a veces incluso grueso, y permitiéndose el uso puntual e inteligente de tacos (algo de agradecer ante tanto lenguaje pretendidamente neutral y educado), Ángel Martín, junto al contrapunto jovial y necesario de Patricia Conde, ha conseguido alguna de mis carcajadas más sinceras y francas de los últimos tiempo en televisión.

Tal vez sea así, con el humor, el sarcasmo y la ironía, la mejor manera de combatir la podredumbre que invade las televisiones y los hogares de este país. Pues no hay nada de malo en ser un poco cotilla alguna vez. Es humano y natural. Pero el grado de desvergüenza y falta de compasión que esgrimen algunos programas sobre los famosos roza ya el sadismo.

Mientas tanto siempre nos quedará gente como Ángel Martín, en un programa al que tal vez se le observan claras deficiencias y que no tendrá mucho recorrido, pero que sirve para reírse un rato con un humor cáustico, tan diferente al blanco o de imitaciones que se emite habitualmente por televisión. En la noche del 31, mientras una exultante y nerviosa Patricia Conde, muy bien en su papel, mostraba su tensión ante el hecho de presentar las campanadas por televisión, un malhumorado y mordaz Ángel Martín la miraba con asombro y desdén y le espetaba algo así como “no sé por qué te pones tan nerviosa, si no nos estará viendo nadie, bueno tal vez mis padres, que todavía estarán cabreados porque no he ido a pasar el fin de año con ellos, y encima por hacer esto”.

2006/12/15

Risto Mejide, o cómo atrapar a la audiencia disidente

La incorporación a las filas de Operación Triunfo de un personaje como Risto Mejide ha añadido un poco de colorido y chispa al aburrido circo en el que se había convertido este show de horripilantes niños probetas. En medio de tanto esplín catódico, las salidas de tono de este esperpento mediático de reciente alumbramiento han logrado, al menos, revolver a los espectadores de sus sillas, provocando en la audiencia sensaciones encontradas de indignación y divertimento. Por encima de todo, lo que resulta claro es que con este personaje Operación Triunfo se ha apuntado un valioso tanto en el complicado infierno de retorcer el cuello de los formatos agotados y sin salida. La operación ha resultado, además brillante, ya que además de inventarse un personaje, han logrado con ello acercarse a la significativa cuota de audiencia que despotrica y desprecia el tono dentífrico, alavandado y hortera del programa.

Risto Mejide pretende erigirse en símbolo de una parte de los telespectadores, normalmente de edad juvenil, que reniegan del formato por considerarlo vacío, mercadotécnico y superficial. Hablamos de los jóvenes que ven el talento musical como algo más que la habilidad del busto cantante. Normalmente, este tipo de jóvenes no es consumidor de radiofórmula, el principal público interno de los productos musicales de OT. Se decantan por conceptos musicales más elaborados, en los que todavía tienen validez valores como la composición, las buenas letras o la modernidad de las propuestas.

Todo ello parece encajar con el prototipo de Mejide. Con un look notablemente desfasado, que recuerda mucho al de los ex combatientes de Vietnam que se debatían entre la neurosis y la protesta contra el stablishment a finales de los 60, el singular juez de OT juega el papel de outsider. Lo demuestra con su propia mirada, oculta tras las oscuras lentes a lo John Rambo, pero también con su propia pose sobre la mesa del jurado: siempre informal, siempre calculadamente desabrido, como si estuviera preguntando permanentemente qué hago yo aquí. Y por supuesto, lo demuestra con sus palabras: sus comentarios son dardos contra toda esa tremenda casa de juguetes, contra ese edén californiano de chicas ceñidas y hombres guapos que representa la estética de OT.

Se trata, no nos engañemos, de una pantomima, de un tremendo teatro. Risto Mejide es un hombre de larga trayectoria en el ámbito publicitario; está familiarizado con las formas de vender y los mecanismos del reclamo. Aunque pueda parecer gracioso, nada en un formato como OT es improvisado: se trata de una composición perfectamente calculada. Bajo un atractivo envoltorio de carácter y diferencia, detrás del personaje no hay más que chapapote: la agresiva marea negra del apetito voraz de audiencia, que persigue a todo trance la contaminación del público disidente.

2006/12/05

Pésimo Sexto sentido

Una decepción completa y una lamentable pérdida de tiempo supuso anoche permanecer durante más de hora y media frente al televisor para intentar encontrar algo interesante, arriesgado, novedoso o polémico en el nuevo programa informativo de La Sexta: Sexto sentido. O tan sólo encontrar información y análisis. Igual era mucho pedir. Liderado y presentado por las tres apuestas femeninas que la cadena ha hecho para sus informativos (Mamen Mendizábal, Helena Resano y Cristina Villanueva), el programa comenzó con una entrevista a Iñaki Gabilondo. Si ya no se entiende muy bien a cuento de qué era entrevistado Gabilondo en un programa político y social de actualidad, el desarrollo de la entrevista fue algo realmente penoso que provocaba vergüenza ajena.

Las tres periodistas en lugar de ejercer con dignidad y profesionalidad su profesión se dedicaron a sonreír, babear y pelotear sin pudor a un Gabilondo que, sin culpa, se dedicó a contar sus batallitas radiofónicas y televisivas, en una claro síntoma del camino hacia la jubilación en el que ya parece plenamente embarcado. No voy a comentar las declaraciones de Iñaki ni sus contradicciones evidentes (ya lo he dejado claro en otros posts), tan sólo reseñaré que, ante las idiotas alabanzas que se le dedicarán por su sinceridad a la hora de decir que por trabajar en el medio de comunicación en el que está no puede hablar de Polanco o de sus empresas, diré que lo valiente sería hacer lo contrario. O al menos no pretender dictar lecciones de periodismo veraz y responsable a nadie, algo que él y muchos de los suyos se dedican a hacer cada día desde los medios afines a Prisa. Y no nos engañemos, no es lo mismo no criticar a una empresa pequeña cuya influencia social y política es nula (lo cual te permite hablar con libertad sobre los temas generales,) que no hacerlo a Prisa y a sus empresas y negocios colaterales, cuya influencia e importancia tanto social como políticamente hablando, son de gran calado en este país.

El bochorno aumentó cuando sacaron a relucir el pasado familiar del invitado, vinculado a una carnicería, e intentaron que mostrase sus dotes carniceras descubriendo e identificando partes de una vaca de cartón. El pobre hombre no sabía donde meterse puesto que claramente no tenía ni idea de ello. Finalmente Helena Resano tuvo que improvisar sobre la marcha para despedirle abruptamente antes de que el bochorno fuera tal, que terminaran saliendo en todos los programas de zapping de la semana. Las tres periodistas demostraron su absoluta incapacidad para realizar una entrevista coherente, creíble, seria y esclarecedora. Generaron una sinergia negativa donde todas aparecían tontamente rendidas a los pies de su ídolo y no les daba ninguna vergüenza mostrarlo, para perjuicio de su propia credibilidad y de la paciencia de los espectadores. Pero el asunto no mejoró tras la entrevista. En absoluto. En otra sección del deslavazado programa, Mamen Mendizábal moderó (o pretendió hacerlo) un cara a cara entre dos políticos, uno del PP y otro PSOE, a cuenta de la guerra de los vídeos propagandísticos de estas últimas semanas. La ronda inicial de preguntas parecía sacada de una película de los hermanos Marx: al del PP, ¿miente el vídeo del PSOE? Respuesta: Sí. Al del PSOE, ¿miente el vídeo del PP? Por supuesto. Al del PP, ¿Su vídeo dice la verdad? Pues sí. Al del PSOE, ¿y el suyo? Faltaría más... No daba crédito a lo que veía. No se puede hacer una cosa más gilipollas en televisión que este prolegómeno a un duelo dialéctico que lógicamente resultó ser pobre intelectualmente, manipulador y desinformativo pero... ¿Qué quería que le contestasen a esas preguntas? ¿Hay algo más inútil que traer a esos dos políticos a soltar sus promociones y consignas sobre una realidad ajena al ciudadano? ¿Y encima, en vez de enfrentarlos a sus propias contradicciones, dejar que digan sus tonterías con plena libertad?

Dejo el programa un rato para coger aire. Cuando vuelvo están emitiendo un reportaje sobre los chicos marroquíes que tratan de cruzar el Estrecho en camiones de mercancías o autobuses, en busca de una oportunidad de vida diferente en Europa. El tema es serio pero está tan manoseado, tan explotado, tan visto en televisión que el nuevo reportaje no sólo no aporta ningún dato que no se conozca sino que su aire de trascendencia, su pretenciosidad y su anorexia informativa es digna de hacerle pertenecer al mismo grupo de reportajes vacíos y sensacionalistas al que pertenecen los reportajes de A Fondo ( de los informativos de A3). Periodismo basura de investigación. Pero faltaba la guinda. Tras el reportaje aparece de nuevo Helena Resano para moderar lo que parecía una especie de pomposo senado popular cuidadosamente escogido, que iba a hacer preguntas candentes y de actualidad a un magistrado del Tribunal Supremo que estaba invitado para resolver las dudas ciudadanas. El tema era la especulación urbanística y la corrupción en los ayuntamientos. Las preguntas se hacen muy serias, los ciudadanos cumplen con su papel, todos muy circunspectos, con caras de concentración y enorme preocupación. Mientras cada uno de ellos hace su pregunta un rótulo nos informa de su profesión y su edad. En primer lugar interviene una auxiliar de vuelo. Después un estudiante. Las preguntas son sobre temas complejos pero se despachan (como durante todo el programa) con rapidez y sin análisis. Lo mejor llega cuando le toca el turno a una mujer negra. Mientras hace su pregunta el rótulo nos informa sobre ella. Donde en los demás aparece escrita su profesión, en ella aparece: inmigrante. Lo flipo. Ése es su trabajo y condición. ¿Y tú de que trabajas? Yo de inmigrante. Son tan progres y políticamente correctos que nos quieren hacer ver que en su programa todos tienen voz. Aún a costa de parecer unos estúpidos. Lamentable. Una panorámica nos muestra una imagen del conjunto. Observo un hombre que va en silla de ruedas. Ya no puedo más. Apago el televisor. Me queda una duda... ¿Cuándo ese tipo haga su pregunta, el rótulo qué pondrá? ¿Discapacitado?

Qué pérdida de tiempo.

2006/11/14

¿Abandonan los jóvenes la televisión?

Si se estudian los shares de los programas que en los últimos años han arrasado entre adolescentes y jóvenes (Gran Hermano, OT...), se observa una evidente caída en los porcentajes y número de espectadores que los siguen. Por otro lado, en los resúmenes de las audiencias semanales televisivas que hacen los periódicos cada domingo, hace tiempo que se advierte una caída importante en las audiencias generales de la televisión. Me explico. Hace unos poco años las series españolas del prime time o los programas de telerrealidad que transformaron el panorama del medio, llegaban a alcanzar más de seis millones de espectadores. Esas cifras y eso programas (sustentados sobre todo por el favor de los jóvenes) desbancaron a productos más clásicos como Cuéntame que había conseguido el liderazgo antes de la llegada de este fenómeno. A día de hoy, y obviando lógicamente los datos referidos al fútbol (que como siempre sigue arrasando) es curioso notar como esta temporada, Cuéntame vuelve a ser uno de los programas más vistos, pero no porque haya aumentado su número de espectadores (poco más de cuatro millones, se mantiene así desde hace años) sino porque la competencia antes mencionada alcanza a duras penas cuotas del 21% o 22% que se traducen en poco más de tres millones de espectadores (por ejemplo es el caso de Gran Hermano). De hecho la competencia de Cuéntame durante este principio de temporada está formada por series más adultas (no por eso mejores) como Hospital central o El Comisario. La pregunta que surge ante estos datos es: ¿Están abandonando los jóvenes la televisión?

Pues con muchos matices, me atrevería a decir que así es. Tras el empujón que los reality shows significaron, lo cierto es que lentamente los más jóvenes se están alejando de un medio, el televisivo, que les aburre y no les ofrece las novedades y la inmediatez que están consiguiendo por otros caminos. Como ya apuntaba en el post sobre Perdidos y a pesar de que aún lógicamente no es un fenómeno que se haya expandido a toda la población, los datos dicen que el 30% de los hogares españoles ya posee Internet de banda ancha (aún por debajo de la media europea), y esta nueva posibilidad se ha convertido en algo sumamente apetitoso para los más jóvenes a la hora de diversificar su ocio.

Desde luego no es que vayan a ser menos tontos por no elegir ver la televisión. Con Internet y al nivel que suelen utilizar la red muchos adolescentes, la pérdida de tiempo y el grado de alienación que pueden llegar a alcanzar puede incluso ser mayor que cuando se sentaban frente a la cajatonta. Tampoco es algo radical. No es que vayan a dejar de ver la televisión por completo. Además, la justificación para esta caída en las audiencias de los que eran sus programas referente también se podría achacar en parte a la reiteración de las mismas propuestas año tras año (con el cansancio que eso genera), y a la aparición de nuevas cadenas como Cuatro o La Sexta. Pero este nuevo fenómeno internauta es real y sólo hay que hablar con chicos y chicas que tengan ADSL en casa para comprobar que a poco que sus padres les dejan, se refugian en sus cuartos y se conectan a Internet (los programas de mensajería instantánea arrasan entre ellos). Los mayores, siempre ajenos a los usos de ocio de las nuevas tecnologías, siguen reconociendo en cambio la televisión como algo propio, pero los mas jóvenes están convirtiendo la red en su territorio personal, ajeno al de los adultos de su hogar, un lugar donde pueden estar conectados desde sus casas con sus amigos, y donde encuentran infinidad de posibilidades de diversión. Puede que a la televisión convencional le haya llegado el momento de enfrentarse a un competidor de su altura.

2006/11/07

La hipocresía de Libertad Digital

El problema de Libertad Digital, de Jiménez Losantos y de la cuadrilla de tertulianos, periodistas, pseudohistoriadores y demás que integran su nómina ha sido la incapacidad de mantener un criterio inalterable e inequívoco respecto al derecho a la libertad y la independencia informativa. Sin duda, su más trágica y miserable contradicción. Leo en ese periódico digital la noticia de que Telesur, la cadena venezolana, ha comenzado a emitir en Madrid a través de una serie de cadenas locales ¿Es sólo una noticia? ¿Por qué en portada? Al leer el texto y tras la presentación aparecen la siguientes afirmaciones: “cadena ... que es, de facto, el principal órgano de propaganda de los regímenes de Castro y Chávez” “...apoya dictaduras como la cubana, y es hostil a las democracia estadounidense”.

¿Qué problema tiene Libertad Digital con el hecho de que España pueda emitir una cadena que recibe el apoyo de diferentes países como Argentina, Bolivia, Brasil o Uruguay? ¿Una cadena que tiene un consejo consultivo al que pertenecen entre otros Eduardo Galeano o Adolfo Pérez Esquivel? Porque no parece que tan sólo sea una mera reseña sobre la llegada de esta cadena a nuestro país. Es más, ni siquiera se hace una crítica periodística de los contenidos de la misma, más bien parecen querer indicarnos que la presencia de esta cadena y de sus contenidos simplemente no es bienvenida y además, aprovechan para recordar (qué coincidencia) que se emite a través de cadenas locales que en Madrid no han conseguido licencias en la última asignación que realizó Esperanza Aguirre. Concesiones que casualmente favorecieron a la empresa de Losantos (que está a punto de comenzar sus emisiones), así como a El Mundo, la Conferencia Episcopal y todos los medios afines a la derecha.

El problema, repito, es que con el tiempo se les ha caído la careta con la que comenzaron mostrándose ante los ciudadanos. Con el tiempo se ha comprobado que sus gritos en defensa de la libertad y la independencia tan sólo se referían a la idea de alcanzar poder para tener libertad e independencia para mentir, manipular y engañar tanto o más que los otros. El grado de sectarismo e información selectiva y distorsionada es brutal en Libertad Digital. La sistemática ocultación y manipulación de noticias que incomodan o perjudican su línea editorial es evidente. Y se permiten criticar a través de una noticia burdamente editorializada las emisiones de una televisión de un país que es democrático por mucho que les pese y no quieran reconocerlo. Un país cuyo presidente Hugo Chávez (que no es precisamente santo de de mi devoción política aunque no hay que olvidar que todo lo que nos llega de él es desde la perspectiva siempre presuntuosa y prepotente de los medios occidentales) ha sido elegido en las urnas por sus ciudadanos, y la verdad no recuerdo críticas tan salvajes como las que se dedican a este personaje vertidas sobre otros gobernantes como Gadafi (cuando regaló un caballo al entonces presidente Aznar), o el presidente chino (cuando viene de gira por los países occidentales y todos los empresarios y políticos de nuestros países babean a su paso sin tomar en consideración que preside un estado que está siempre situado en los peores puestos de las listas de vulneración de derechos humanos en el mundo).

Si la queja a estas emisiones se basa en el sectarismo de las mismas y la adulteración de la información, sugiero que Libertad Digital se mire el ombligo y analice sus informaciones propias, cómo las elaboran y cómo las seleccionan, antes de venir a mostrar una hipócrita indignación y un fingido sobresalto porque vengan de fuera a ensuciar el panorama mediático de este país. Hay demasiada mierda general para que un poco más de suciedad se pueda notar.

2006/10/19

El porqué del fracaso de Perdidos en TVE

Perdidos, la serie americana que narra las desventuras de un grupo de supervivientes que quedan atrapados en una isla tras el accidente del avión en el que viajaban y que ya marcha por su tercera temporada de éxito en los EEUU, fracasa estrepitosamente en España, donde actualmente se emite la segunda temporada. Esta vez dicho fracaso no se puede achacar ni siquiera al maltrato horario que TVE suele hacer a este tipo de series americanas de éxito (pese a que sí habría que incidir en la pésima promoción), puesto que el ente público hasta ahora emite la serie en el prime time de los miércoles aunque con una temporada de retraso respecto a las emisiones de EEUU. Este retraso, que para los estándares clásicos de televisión se podría considerar mínimo, es en realidad un gran error. Si TVE hubiera emitido esta temporada en primavera estoy seguro que sus audiencias hubieran sido mayores. Una serie que triunfa en todo el mundo y suele arrasar en las audiencias americanas fracasa inexplicablemente (en principio) en las pantallas españolas, cosechando miserables cuotas del 7% u 8% a pesar de que se programan dos capítulos por noche, algo que debería agradecer el espectador habitual a la serie. Pero tal vez no sea tan extraño ese fracaso. Algo ha cambiado en los espectadores y a las estrechas mentes directivas parece que no les entra en la cabeza.

Lo que ha cambiado irremisiblemente es la sensación de inmediatez que los programas de descarga por internet han otorgado a unas nuevas generaciones que están modificando sus hábitos televisivos de forma imparable, sin que los dueños de las cadenas y los productos televisivos encuentren la forma de frenar, manejar y controlar estas variaciones. Perdidos es una serie claramente enfocada para personas que en general no superen los 35 años. La trama es extremadamente confusa, con miles de cabos sueltos que se cierran o no con el tiempo, se plantean unos interrogantes que jamás parecen ser contestados pues otros nuevos aparecen de la nada para sustituirlos, la producción es vertiginosa ya que la cámara se mueve con enorme rapidez persiguiendo a los nuevos robinsones y además se producen constantes regresiones en el tiempo que sirven para explicar las actitudes actuales de los personajes así como para conocer mejor sus motivaciones. Todo esto hace de esta serie un imposible para muchas personas mayores, poco acostumbradas a este ritmo y este enfoque claramente deudor de los videojuegos en su estética. Están más acostumbradas a seguir con naturalidad series de corte clásico y trama lineal como puede ser Cuéntame o las series españolas para todos los públicos que suelen triunfar en el prime time habitualmente.

El problema estriba pues en que el público que ve Lost es un grupo de población muy conectado a internet, directa o indirectamente, y que ha vivido el desarrollo y la evolución de esta serie principalmente a través de ella. Al mismo tiempo que TVE emite la segunda temporada de la serie los internautas interesados se están descargando por la red los capítulos de la tercera temporada en versión original, mientras distintos grupos de ellos realizan en tiempo récord diferentes traducciones de los capítulos y ponen a disposición de todos aquellos que lo deseen los subtítulos en castellano de cada episodio, siempre de manera gratuita y sin coste adicional. En internet se está realizando con naturalidad algo que no creemos posible en el mundo real: el libre intercambio de trabajos y productos inmateriales, de ideas, de programas entre personas que no se conocen entre sí pero que se ofrecen a sí mismos y a los demás la posibilidad de disfrutar, por ejemplo como en este caso, de un capítulo de una serie que un jueves es emitido en USA y que ese mismo fin de semana puede ser disfrutado en una casa española, con una calidad de imagen francamente buena. Y eso se consigue gracias a la labor desinteresada de algunos que serán denominados por muchos como frikis pero que indirectamente son parte de la causa del fracaso de las emisiones convencionales de estas series en otros países (como el nuestro).

La solución parece clara. El público joven no es tan pasivo como lo fue el de otras generaciones, exige inmediatez y si no la obtiene y dispone de los medios no pierde el tiempo quejándose, sino que ella misma se consigue lo que quiere al margen de los caminos convencionales. Si TVE y el resto de las cadenas no quieren darse cuenta allá ellas, pero con este tipo de series como Perdidos, cuya trama te deja siempre en suspense y ansioso de disfrutar de una nueva entrega, se equivocan si piensan que el público va a esperar pacientemente que directivos desconectados de la realidad cuadren sus parrillas y les hagan esperar durante meses. O empiezan a preocuparse por emitirla prácticamente del ritmo americano de emisión o que se despidan de sacar beneficios con estos productos.

2006/10/08

Cuando la información es mera publicidad: Alatriste y Los Borgia

En menos de un mes hemos asistido a dos ejemplos en nuestra televisión de autopromoción engañosa, de publicidad disfrazada de información, diseñada con inteligencia pero que al verla deja la lamentable sensación de presenciar un descarado intento de mentir y manipular al personal despistado. Primero fue Alatriste. Telecinco hizo una campaña brutal anunciando la cinta sobre el héroe de Arturo Pérez Reverte, lo cual no sería criticable sino fuera porque sus informativos se convirtieron en un anuncio constante y cansino en el que se repetían constantes alabanzas sobre la que decían que era la producción española del año. Expresaban sin pudor y con vehemencia la obra de arte cinematográfico que significaba la película y hacían pasear sin vergüenza por los platós de esos informativos a los actores de la película. Nadie comentó nunca que el film, al tratar de resumir una serie de novelas en poco más de dos horas, adolecía de un guión deslavazado que intenta acaparar demasiado. Afortunadamente, a través de fuentes de información más libres (véase blogs y revistas independientes) la película pudo ser analizada con mayo rigor, siendo descritos con más tranquilidad sus evidentes aciertos pero también sus defectos, y no con el autobombo con que los críticos habituales se dedicaron a elogiar la película ni con la indescriptible hipocresía que los Piqueras y compañía hicieron gala a la hora de “informar” sobre la película.

Ahora han llegado Los Borgia. Antena Tres que no dedicó más que algunos segundos a la noticia del estreno de Alatriste en sus informativos (lo que debiera ser normal) se ha volcado con ardor y pasión en la promoción de la película de Antonio Hernández que narra la apasionante historia de una familia poderosa con unas ansias enormes de poder. No puedo criticar la obra, aún no la he visto. El problema no es lo buena a o mala que sea. El problema es la credibilidad de unos informativos, los españoles, ya sean privados o públicos, que cada día descienden más en la cuesta que los arrastra hacia la mediocridad, la irrelevancia, el sectarismo, la futilidad y la falta total de compromiso y respeto periodístico hacia sus espectadores.

El problema es que se enmascara como información lo que es mera autopromoción. Muchos sabemos que T5 es la empresa que produce Alatriste y que Los Borgia es una producción de A3 que la cadena ha decidido emitir primero en los cines antes de programar la serie por televisión, en un interesante intento de rentabilizar doblemente el mismo producto (algo que creo que no se había hecho antes, al menos en España). Pero la crítica debe aparecer porque me encuentro con mucha gente despistada, con señores mayores, con chavales adolescentes a los que les asombra todavía saber quién está detrás de estas películas, les sorprende conocer que lo que se les vende como noticia cultural en un informativo serio de televisión no es más que un patético publirreportaje promocional. Les sorprende conocer que un representante de la prensa anoréxica gratuita como es ADN, que siempre llena sus páginas de mininoticias simples y directas, realiza un especial a toda página anunciando el estreno de Los Borgia, comentando que es una producción de A3, pero sin darles a sus lectores la valiosa información que la empresa que edita ese periódico es la misma que posee A3 (Grupo Planeta). Y no es algo que dé igual. Porque si conocieras ese dato ya entenderías que lo que lees no es una noticia sino una mera autopromoción interesada. Y allá cada uno con lo que se cree de los anuncios.

En una sociedad en la que cada vez más unos pocos grupos económicos controlan más medios de comunicación que no parecen interrelacionados entre sí para el público general, me parece necesario criticar estos sucesos y defender que al menos los servicios informativos de las cadenas de televisión, eso informativos que siempre han servido para dignificar o destruir la reputación de dichas cadenas, no se pongan también al servicio promocional de la empresa matriz sin al menos comunicárselo honestamente a sus espectadores, a los que terminan manipulando a su antojo con una desfachatez que emerge de la arrogancia.

2006/09/29

El regreso combativo de José María García

Tras tanto tiempo desaparecido, tras su abandono voluntario de las ondas españolas, tras superar un cáncer traidor y tras un par de entrevistas o diálogos digitales, anoche reapareció un José María García en estado puro en el programa de Buenafuente, para disparar contra todo y contra todos. Para responder con su verdad, no una verdad abstracta, sino aquello que él piensa sobre cuáles son los males que achacan al periodismo actual, sin tapujos, dando cera a todas las televisiones incluida la cadena a la que pertenece el programa que le había invitado, y analizando (mientras los chorras del programa le permitían sin hacer algún chistecito fácil, fuera por completo de lugar anoche) el panorama audiovisual español ante un Buenafuente un tanto intimidado por la incansable verborrea de su invitado y por los elogios que éste le dedicaba.

Escuchar la voz de García es rememorar noches y noches de insomnio donde el periodista era capaz de lograr que los enemigos más acérrimos se encontraran cara a cara en las ondas de la radio, dando lugar a apasionantes encontronazos radiofónicos que se echan de menos en las actuales desoladoras ondas deportivas. García también tuvo su momento de ensoberbecimiento y megalomanía. Lo pagó caro, no quiso darse cuenta del cambio de tendencia de una sociedad que ya no quería dormirse encabronada o excitada y que buscaba una mirada hacia el deporte más tranquila y divertida. De la Morena lo adelantó por la derecha a pesar de que sea cierto que sufrió también en primera persona el mayor ataque al periodismo libre de este país en democracia, como fue la absorción de A3 Radio por parte de PRISA, su mayor competidor de por entonces.

Pero el tiempo ha pasado, anoche se observó un García más tranquilo, menos atado por sus propios delirios de grandeza, más reflexivo, realizando una análisis inteligente sobre el personaje de Federico Jiménez Losantos, sobre el poder de PRISA y lo que ellos significa, sobre la degradación de los contenidos televisivos, sobre las repulsivas relaciones de políticos y periodistas, hablando claro sobre el patético personaje que es Luis Herrero (podía haber comentado algo parecido sobre lo que ha hecho Cayetana Álvarez de Toledo) y sobre la imposibilidad manifiesta de ejercer al mismo tiempo de periodista y representante público bajo el paraguas de un partido político. Incluso se permitió una pulla a los programadores de A3 sobre el hecho de que dejen que el programa de Buenafuente comience a las 12:45 de la madrugada. Además de todo eso comentó algo que por obvio se olvida demasiadas veces de comprobar y comprender su significado, como es el hecho de conocer quién está detrás de los medios de comunicación y qué presión ejercen los dueños de los medios a la hora de enfocar la información. La dictadura de las empresas lo llamó. Yo lo suscribo.

Ha pasado mucho tiempo desde que García abandonó los deportes en la radio. No veo posible su regreso, ni siquiera necesario (salvo para él mismo, para sentirse vivo otra vez, algo que respetaría y admiraría en alguien que ha pasado por el trance médico que él ha superado) pero escuchar los programas deportivos de hoy día y recordar épocas no tan lejanas es desolador: De la Morena en la SER se ha convertido en un personaje bastante siniestro, acomodado, tirando a baboso en las entrevistas, sin ritmo y con una lamentable utilización del castellano. Menos mal que mantiene a su equipo que lo arropa y le da el liderazgo a pesar de que también muestre signos de cansancio y agotamiento. A Abellán en la COPE se le ve siempre fuera de sitio, dando molestas voces y rodeándose de una cohorte de fanáticos tertulianos que noche a noche repiten las mismas tonterías y los mismos argumentos. Y qué decir de Onda Cero que lleva dando tumbos cuatro años en busca de un líder para sus deportes y este año presenta a uno de los peores periodistas que yo haya escuchado o visto jamás, Iñaki Cano, un tipo al que escuchar es un auténtico suplicio. Puede que ser que ya no sea hora de que José María García vuelva, pero tal vez recordarle y valorar el periodismo de altura que durante mucho tiempo hizo, sirva para intentar superar esta etapa de lamentable y bochornoso periodismo deportivo, así como de un periodismo político atrincherado y demasiado al servicio de intereses políticos y empresariales.