Blog libre e independiente sobre televisión. Noticias, críticas y análisis de nuestra realidad catódica desde el criterio y la libertad.

2006/05/31

La sutil manipulacion de TVE

Desde los tiempos primitivos del cine soviético sabemos que una de las formas más eficaces de manipulación es a través de la utilización y la estructuración inteligente de las imágenes. La elección de un punto de vista concreto, el corte de un plano en un momento preciso o la combinación de determinadas imágenes constituyen formas habituales de manipulación que, por sutiles, escapan al control de todos aquellos que pretenden velar por la equidad y la objetividad en la difusión de cualquier información, sobre todo aquellas que tienen una naturaleza marcadamente política. Desde luego, lo visto ayer en la retransmisión televisiva del Debate sobre el Estado de la Nación deja en pañales las propuestas propagandísticas de grandes como Eisenstein o Rieffehnstal, que al lado de la emisión de La Dos parecen ingenuos juegos de niños. Porque si por algo se caracteriza la retransmisión del Debate a cargo del Ente Público es por su fina sutileza a la hora de plantear su propuesta manipulada de la realidad. Una sutileza que, por supuesto, escapa al contenido y se refleja en detalles visuales mínimos que resulta difícil de percibir inicialmente pero que, a la larga, pueden ejercer una influencia determinante sobre la valoración del espectador.

Existieron diferencias objetivas entre las dos retransmisiones principales del día, la del presidente, Rodríguez Zapatero, y la del líder del PP, Mariano Rajoy. Diferencias que se plasmaron en el tratamiento visual de una y otra comparecencia. Durante la intervención del presidente, el objetivo no se desplazó ni una sola vez a la zona del hemiciclo ocupada por la oposición. Tan sólo se recogían planos medios de sus compañeros de grupo, sobre todo de los ministros, que siempre aparecían asintiendo. Pero hay más. A lo largo de los 40 minutos de comparecencia del presidente, la cámara no se retiró de Rodríguez Zapatero en más de 10 ocasiones. El plano era totalmente estático. Igualmente, cada nuevo aplauso surgido espontáneamente en la zona del hemiciclo socialista era seguido por la cámara; en esos casos, el plano recogía al 100% todo el hemiciclo, sin dejar ningún espacio sin bancas dentro de la imagen. El seguimiento de la comparecencia de Rajoy fue bien distinto. Primero, porque al contrario que el presidente, su intervención fue salpicada de imágenes no de su grupo, sino de los diferentes miembros del Gobierno, que aparecían componiendo muecas burlescas, de reprobación o de indiferencia. Segundo, porque la cámara reprodujo a Rajoy de manera menos persistente que a Zapatero. Se reprodujeron bastantes más planos de reacciones al discurso, con lo que la difusión icónica de Rajoy en el atril tuvo menor fuerza. Y tercero, los aplausos a Rajoy no eran recogidos mediante una reproducción a plano completo del aforo ocupado por la oposición, sino tan sólo de una parte, con lo que la impresión de éxito resultaba más pobre.

Estos “tics” de la producción fueron debidamente acompañados por una escenografía bastante eficaz del Grupo Socialista, que interrumpió hasta 30 veces la comparecencia de su líder, más del doble de veces que los populares (13 en total) a la alocución de Rajoy.

No me cabe duda de que se trata de elementos totalmente estudiados, ya que el Debate sobre el Estado de la Nación es uno de los acontecimientos más sujetos al control y la observancia por parte de los distintos grupos con representación en el Parlamento. Se trata de elementos tan sutiles que resulta difícil aludir a ellos sin caer en el bochorno o el exceso de perspicacia. Pero al fin y al cabo, son elementos que informan, y que transmiten determinadas connotaciones que son percibidas involuntariamente por el espectador. Particularmente, considero que los dos discursos fueron bastante mediocres y aburridos, pero confieso que me divertí con este juego de sutilezas que merecería toda una tesis doctoral. Desde aquí, por tanto, mi agradecimiento a la Inteligentzia de TVE. Parece que han decidido hacer de estos debates algo menos soporífero.

2006/05/25

Carta blanca a la Dos

Encender el televisor durante la noche del miércoles y zapear entre los dos canales públicos era un tanto esquizofrénico. Por un lado, en la Primera, el loco de la colina extraía lo mejor de sus invitados haciendo lo que mejor sabe hacer: crear un clima de complicidad con ellos. Mientras tanto, en la Dos, emitían el primer programa de Carta blanca, un arriesgada propuesta del ente público que busca la creación de un formato de calidad y original. La primera noche se estrenó con Elvira Lindo ejerciendo de maestra de ceremonias y haciendo lo que parece no saber hacer, entrevistar, en este caso a una serie de personajes relevantes de nuestra sociedad a los que admira y considera amigos. Ninguno de los dos programas es malo. Pero emitirlos el mismo día a la misma hora (prácticamente) en los dos canales no parece lo más inteligente.

¿No hay nadie en Televisión Española con dos dedos de frente? ¿Nadie que coordine la programación con una mínima lógica? ¿Es normal que dos programas de entrevistas y dirigidos al mismo tipo de público se emitan a la misma hora por las dos cadenas públicas a la vez, haciéndoles competir absurdamente? ¿No sería más natural que Carta blanca (que además me parece muy bien que sea emitido por la Dos para protegerlo de las luchas de audiencias) se emitiese a esa misma hora pero otro día de la semana compitiendo con otros productos alejados de su perfil como puede ser ¡Mira quién baila! o una película?

Dejando a un lado la inutilidad manifiesta que demuestra una vez más el equipo de Caffarel, me centro en el programa en sí. Carta blanca nace con la idea de que personajes relevantes del espectáculo y la cultura (por supuesto dudo que traigan a alguien de ciencia) presenten y organicen su propio programa, eligiendo ellos tanto a los invitados como las actuaciones musicales. La idea me gusta. Puede derivar en una reunión de amigotes dándose palmaditas en la espalda, pero también puede ser una buena manera de conocer otras facetas de personajes interesantes. Además será el típico programa al cuál acercarse dependiendo no sólo de los invitados y el tema que se trate en él, sino también dependiendo del presentador (lo cuál es una novedad). Ayer comenzó Elvira Lindo entrevistando, entre otros, a Javier Cámara y Alberto Iglesias (nominado a mejor compositor de banda sonora en los pasados oscars). Se la veía a Lindo envarada y poco relajada a la hora de hacer preguntas. Reconozco además que a mí lo que escribe y dice esta mujer me deja bastante indiferente. Casi nunca me han hecho gracia sus columnas en El País, su costumbrismo y su pretendida ironía (que con tanto fervor me defienden mis amigos). A los invitados se les veía relajados, contando sus experiencias con tranquilidad, en un ambiente claramente amistoso. El programa lo dirige Santiago Tabernero (director de Versión Española) que ha creado una escenografía muy cinematográfica, más bien minimalista, apoyándose en recursos audiovisuales y con una iluminación muy particular.

Ya hay grabadas al parecer, nueve emisiones del programa que, tras el parón veraniego, volvería con nuevas entregas. Entre las personalidades que se anuncian como próximos conductores del programa se encuentran Alaska, Ray Loriga, Rafael Amargo, Lucía Etxebarría, Alejandro Jodorowsky o Antonio Escohotado (filósofo y uno de los máximos conocedores en este país del mundo de las drogas, que invitará a Bebe y a Albert Pla para discutir sin tapujos sobre este tema. Curiosamente ayer era un invitado de El loco de la colina).

Repasando la lista anterior se observa un claro sesgo político-social en la elección de las personalidades para conducir el programa. El mismo eterno error en el que cae una y otra vez la televisión pública. Siempre lo mismo, a la hora de elegir: “mejor uno de los nuestros”. Por supuesto esto conllevará que arrecien las críticas al programa desde los sectores más conservadores del público, la sociedad y la crítica que lógicamente, no se ven representados por Etxebarría, Lindo o Alaska y por tanto seguramente, tampoco con los programas que ellas propongan. ¿Tan difícil es ser un poquito equilibrado en la elección de estas personalidades? ¿Nos volverán a decir que no hay figuras de valor en la otra acera? ¿No se dan cuentan que ya pasamos ocho años igual pero a la inversa? ¿Por qué son todos igual de sectarios?

Qué cansino.

2006/05/17

Los adolescentes y la droga: periodismo de desinformación

Repugnante y delirante. Ésos son los primeros adjetivos que se me ocurren para calificar lo que anoche vi en T5: el programa de investigación Diario de... que presenta Mercedes Milá.

Me habían hablado de este programa, pero nunca lo había visto salvo en algún ocasional zapeo. Había leído en un blog vecino el reportaje que habían hecho sobre Chernobil y me pareció oportuno acercarme a él para evaluar como trataba el problema de las drogas en los adolescentes. Impresionante. Hice referencia en un par de mensajes anteriores (los del Homo Videns) al tipo de información que ofrece y busca el medio televisivo. Lo comenté de manera abstracta. Aquí tenemos un ejemplo de ficción manipulada informativa que supera todas las expectivas...más pesimistas.

El tratamiento que se dio al tema de los botellones fue escandaloso. Se mostraba a los chavales en imágenes difusas, dirigiendo las conversaciones que se tenían con ellos para que dijeran lo que se quería oír, o en la calle bebiendo y comprando; después, se entremezclaban esas imágenes en un montaje indigno e inmoral (por manipulador) con recreaciones aterradoras (efectos sonoros incluidos) de un chico apoyado en una mesa bebiendo a morro violenta y compulsivamente una botella de alcohol de alta graduación o esnifando alguna de las decenas de rayas de coca que también ponían distribuidas por la mesa. Desde ahí, y tras pasar por imágenes editorializadas de algunas borracheras buscando el sobresalto y la alarma, terminaban enlazando, en una elipsis radical y embustera, con las declaraciones de un chico de 22 años que se declaraba alcohólico y que achacaba sus problemas a lo pronto que comenzó en el vicio. Contó cómo el alcohol lo había llevado a un camino sin retorno.

El programa derivó hacia el consumo de otras drogas, aprovechando las cifras ofrecidas estos días sobre el aumento de consumo de la cocaína entre los españoles (cifras que nunca se contextualizan en los medios, porque sólo se busca la alarma social....¿Qué significa haber probado alguna vez los distintos tipos de droga? ¿O consumir de manera esporádica? ¿Eso implica que ya eres un desecho social que camina irremisiblemente hacia el abismo de la adicción?). Se centraron entonces en el hachís y la coca, introduciendo líneas de investigación delirantes. Confieso que yo alucinaba a esas alturas. La Milá , muy seria y circunspecta, siempre con el gesto constreñido para aparentar una gran preocupación y transmitir lo serio del drama que se estaba inventando, comenzó advirtiendo sobre las consecuencias físicas del consumo y demás, pero en un salto increíble hacia la demagogia y la manipulación más absoluta utilizó ejemplos extremos de adolescentes para asustar, deformar la realidad, causar pavor social, impresionar a los televidentes y crear alarma. Y todo eso sólo para subir unos sucios puntos en el share.

De este modo nos mostró cómo, según ellos, muchos padres investigaban a sus hijos con detectives privados para saber lo que hacían cuando salían con sus amigos, porque no se fiaban de ellos. Y del consumo ya se sabe, se pasa rápido al tráfico de drogas (según se deduce de la visión de este programa). Por lo tanto mostraban como un chaval de 16 años era ya traficante de cocaína, o lo más alucinante, sostenían la tesis de que había niñas menores que se prostituían, pero no sólo por dinero sino...¡¡para emborracharse!! (sic). Tremendo.

Ni siquiera dudo que esas historias sean reales. Lo que me molesta, me irrita y me enfurece es que transforman la anécdota en generalización, no les interesa en absoluto tratar el tema con la mínima seriedad y rigor, prefieran el morbo, les encanta colocar esas imágenes grabadas con una cámara oculta del piso donde presuntamente se había prostituido una de esas menores. ¿Por qué no se preocupan por estudiar y extraer consecuencias sobre esa generación de treintañeros que pasó por esos mismos botellones, probó esas mismas drogas, también tuvo fracasos personales puntuales, gente que se quedó por el camino por culpa de las drogas pero hoy en su gran mayoría son magníficas personas, científicos brillantes, abogados con proyección, informáticos de prestigio o magníficos profesores? ¿No interesa porque la realidad es aburrida? ¿No es morbosa? ¿No es mediática?

Arcadas intelectuales produce la existencia de estos programas. Hacen mucho daño. Conocen la existencia de un público crédulo, poco formado, educado desde hace muchos años en esta manera anoréxica de informarse, y sobre el que esta información tiene un impacto demoledor, introduciendo nuevos elementos de miedo y desconfianza en las familias.

Lo que la Milá y su patético programa parecen querer promover, es que la madre o el padre miren a su hija cuando se vista y se prepare para salir una noche de viernes y piensen mal de ella, no confíen en ella, crean que esa noche su hija va estar en peligro, va a hacer cosas horribles o será tentadas por ellas. Promueven el miedo. Y nada más nefasto que el miedo para el disfrute y la enseñanza de la libertad.

Crear miedo. Provocar recelos y sospechas. Que pena de periodismo. Que pena de televisión

Desde aquí muestro mi más profundo desprecio y asco por este tipo de información, por este tipo de televisión, por este programa y por la periodista que se pone al frente de él para darle ese aire de credibilidad artificiosa.

2006/05/11

La responsabilidad de la prensa rosa

Una tendencia generalizada entre los profesionales del periodismo rosa y la información amarilla es considerar que su labor tiene algo que ver con el Periodismo de Investigación. Desde este prisma, los periodistas –en muchos casos no merecen siquiera esa categoría- pretenden arrojar dignidad y decencia profesional a su labor, aludiendo a un supuesto esfuerzo de profesionalidad y rigor en la búsqueda de “grandes verdades ocultas” sobre personajes y personajillos de la vida pública. El último esperpento difundido por “Aquí hay Tomate” sobre Jesús Gil (quien, según la información de este medio, podría estar vivo y coleando en un país del trópico) viene a corroborar que nada está más lejos de la realidad: por mucho que la vistan de seda, la mona carroñera y frívola de la prensa couché mona se queda.

Nuestra parrilla está plagada de ejemplos de periodistas “de supuesta investigación”. Todos los programas vespertinos están abarrotados de personajes que, repantigados en sofás y con papeles en mano, están en condiciones de asegurar, gracias a fuentes fidedignas, la solvencia de su penúltimo escándalo. Los programas estrella del corazón, en horario nocturno de fin de semana, se nutren fundamentalmente de las sagaces investigaciones de estos “investigadores”. La nómina es larga: Ángela Portero (conocida por su indocumentada crónica del parto de la Infanta Leonor), Lydia Lozano (el “patinazo” con el supuesto caso de la hija desaparecida de Romina y Albano merecía, sin más, la cárcel), María Patiño (la reina de la estridencia), Karmele Marchante (la periodista lisérgica), Mila Ximénez (o cómo salir de la ponzoña gracias a terceros), Jesús Mariñas y un largo e innombrable etcétera de supuestos “investigadores”, a los que hay que unir una nueva raza de periodistas, los “nuevos investigadores”, que se caracterizan por haber alcanzado notoriedad pública gracias a algún “mérito” (participar en Gran Hermano, denunciar un maltrato, vender una confidencia íntima...) y por una insaciable voracidad de carroña. En este terreno, también hay para mucho: Kiko de Gran Hermano, la ex mujer de Chiquetete, Belén Esteban, Kico y Coto Matamoros...

A poco que se analice, uno comprende que esta supuesta pátina de seriedad es tan sólo un brochazo endeble para mantener la dignidad, que con un ligero chaparrón se desprende como la pintura de mala calidad. No hay investigación detrás de ninguno de los casos que nos venden como tales, tan sólo declaraciones y más declaraciones de personas interesadas, en la mayoría de los casos movidas por el resentimiento o el resquemor hacia las personas que critican (también, por supuesto, por el dinero). Los teóricos del periodismo han avisado hace mucho tiempo de los peligros del periodismo de declaraciones, entendido como el principal enemigo de la profundidad y de la información rigurosa. La prensa “investigadora” del corazón pretende rizar el rizo, vendiéndonos un humo de profundidad donde tan sólo hay palabras. El caso de la supuesta nueva vida de Jesús Gil y Gil es sangrante: basta con que un tipo levante el infundio para que un programa con cobertura nacional lo ensalce como verdad. Hay que dejarlo claro: está muy bien que cada uno se venda como quiera, pero cuando se sale a la opinión pública, cuando se habla al ciudadano, existe algo que se llama responsabilidad. Sería muy fuerte hacer creer a la gente que mi vecino ha resucitado sólo porque yo lo diga, pero sería todavía más fuerte aún intentar sustentar esta resurrección sobre una supuesta labor investigadora. De momento, eso sólo está en manos de la ciencia ficción. Y también, por supuesto, de Iker Jiménez.

2006/05/10

La iglesia sigue chupando del Estado

Es necesario que haya debates por televisión. Con todas las limitaciones que tiene el medio. Siendo consciente de que la información que se obtiene de este tipo de programas es incompleta y necesariamente ampliable. Ayer en Enfoque debatieron sobre la situación vergonzosa en la que se encuentra la financiación de la iglesia católica en este país. Seguimos siendo diferentes.

Hay que recordar que nuestro país se define como aconfesional. Las especiales circunstancias en las que se produjo la transición hicieron que el Estado llegara a acuerdos de privilegio con la iglesia católica que, entre otras cosas (por ejemplo no paga el IVA como hacen todas la asociaciones y ciudadanos de nuestro país. Europa ya ha advertido a España que esa situación es incompatible con la legislación europea), le comprometían al primero a recaudar el dinero que los fieles quisieran destinar a su iglesia (sólo la católica), mediante una casilla en la declaración de la renta, con la que se indicaba (y se indica) que el contribuyente desea que el 0.52% de sus impuestos se destine a dicha iglesia. Desde que se llegó a este acuerdo es sabido por todos que los católicos parecen un poco tacaños con su institución. Aunque a la jerarquía eclesiástica se le cae la boca diciendo que el 80% de los españoles es católico (malditas costumbres que nos bautizaron y bautizan a todos), no son tan proclives a recordar que sólo poco más del 30% de los contribuyentes marcan la dichosa casilla. Ello hace que lo que dice necesitar la iglesia no coincida con lo que recauda y así, año tras año, el Estado debe complementar la cantidad recaudada a cargo de los presupuestos generales. En definitiva, en la última década, los españoles han regalado, sin su consentimiento, más de 240 millones de euros a una iglesia y a unos estamentos a los que de manera evidente no se les ha querido dar nada mediante la declaración de la renta.

El debate fue animado y como siempre pasa en este tipo de programas, bastante demagógico. Me hizo gracia estar de acuerdo en el fondo (que no en la forma, siempre maleducada, grosera y malencarada) con una de las periodistas más tendenciosas y sectarias de este país (María Antonia Iglesia). Los demás eran especialistas y catedráticos que se enzarzaron en razones y razonamientos varios con los que trataron de apoyar sus tesis.

Pero la cosa está clara. No debería ser la solución aumentar el aporte por renta del 0.52% al 0.8%, como defiende la jerarquía eclesiástica, para así aumentar sus ingresos y hacerse autosuficiente. Se podría aceptar que el Estado, por motivos logísticos, fuese recaudador de los aportes anuales de los fieles, pero lo que parece pasarse por alto es que el aumento de ese tanto por ciento implicaría que, por motivos religiosos, los que marcasen esa casilla dedicarían menos dinero que los no católicos a las necesidades globales y básicas de todos los ciudadanos (incluidos los creyentes). Es decir, pagarían menos impuestos. Hasta ahora lo único que se puede hacer es marcar la casilla de "otros fines sociales" aun a sabiendas de que ese dinero repercutirá muchas veces en ONGs católicas, inmersas en el conglomerado económico-solidario que la iglesia tiene montado. Con lo cual, con ese dinero se ayudará a personas necesitadas (una labor encomiable) pero también se producirá una labor de evangelización que el contribuyente claramente ha rechazado.

La solución no es aumentar el tanto por ciento. Lo lógico sería hacer un anexo donde los creyentes que lo deseasen aportasen un tanto por ciento más de sus ingresos para ayudar a su iglesia. Por otro lado, el Estado debiera financiar a través de los presupuestos generales las distintas obras sociales (incluyendo las católicas), apoyando todos aquellos proyectos loables dignos de realizarse, pero manteniendo sobre todos ellos (también los de la iglesia) los mismos controles sobre la gestión de los fondos que se otorguen.

Intentar mezclar el problema de la financiación de la iglesia con interesadas demagogias como el problema de la financiación de los sindicatos a cargo de los presupuestos (algo deleznable y criticable, pero fuera del debate iglesia-Estado) o con ideas destructivas como que todos deberíamos hacer una declaración de la renta a la carta, son tonterías interesadas que intentan conseguir que todo se quede tal y como está. No debería. Ya está bien. Ya es hora de que los fieles sustenten sus credos de manera privada y la religión abandone de una vez la esfera pública.

2006/05/08

La televisión y el talento

En muchos casos, el motor de la historia del arte y el desarrollo creativo ha tenido como protagonistas a grupos artísticos que han logrado hacer valer su especial talento por encima de las circunstancias históricas y sociales. Estos grupos, que la Historia ha elevado a la categoría de precursores o adelantados a su tiempo, han propiciado en muchos casos el salto hacia nuevos planteamientos estéticos, un adelanto en la expresión de las formas artísticas o literarias. Ejemplos de este tipo son numerosos en la Historia; casi todos los “ismos” más famosos del siglo XX responden a esta dinámica impulsora.

El cine no ha sido ajeno a esta tendencia “evolucionista” del arte, aunque de una forma más individualista, gracias al talento y el genio de determinadas figuras (Griffith, S. Porter, Murnau, Welles), que han ido poblando el camino de la historia cinematográfica de hitos indudables.

En la teoría de la expresión artística, el talento siempre ha ocupado un papel indispensable. Aunque moldeado por las circunstancias sociales de cada tiempo, la concurrencia de una buena dosis de talento en el artista siempre ha sido una condición sine qua non para garantizar el salto cualitativo y el progreso artístico.

La televisión es uno de los pocos medios de expresión en los que el talento no ha ido demasiado parejo al desarrollo y el éxito “creativo”. La impronta comercial ha perpetuado un sistema basado en la repetición de fórmulas. Aunque es perfectamente discernible cuando aparece, el talento ha sido superado en el caso de la televisión por otra serie de valores más importantes para la subsistencia del medio creativo, tales como la belleza, la facilidad de palabra, la capacidad para polemizar o la predisposición al escándalo.

De vez en cuando, no obstante, surgen impulsos creativos que llaman a la esperanza; no se trata ni por asomo de corrientes estéticas ni nada parecido, son más bien destellos de imaginación, aires nuevos, sangre fresca que permite la ventilación del panorama televisivo.

En España, estamos asistiendo a la implosión de uno de esos fenómenos. Me refiero al grupo de artistas que estaban detrás del programa “Homo Zapping”. No recuerdo en la Historia reciente de la televisión española un programa de tanta fuerza seminal, que haya favorecido la puesta en circulación de tantos talentos a un mismo tiempo. Empezando por su director, José Corbacho, que se ha estrenado en la dirección cinematográfica con una interesante película, la cercana y humana “Tapas”, y continuando con Paco León, el "Luisma" del spin-off “Aída”, convertido en el actor cómico de moda; sin olvidar, por supuesto, a Yolanda Ramos, en un momento de mágica hiperactividad, con apariciones tan diversas como la última película de Almodóvar (“Volver”), la popular serie “Siete Vidas” o “El Intermedio” de El Gran Wyoming.

La proyección de este peculiar grupúsculo, todos ellos provenientes de la productora dirigida por Buenafuente (“El Terrat”), debe ser un motivo de alegría para todos aquellos que seguimos creyendo en las posibilidades del talento. Se trata, por tanto, de una ventana abierta a la esperanza. Ojalá que esa ventana sirva para airear más creatividad y un poco menos de mediocridad y aburrimiento.

2006/05/05

Cuidado con la publicidad

El II Foro Profesional del Anunciante promovido por la AEA ha puesto el dedo en la llaga sobre uno de los grandes debates a los que deberá enfrentarse la televisión en los próximos años: hasta qué punto resulta viable y éticamente permisible la asunción de nuevas fórmulas de publicidad en televisión que garanticen el mantenimiento de la rentabilidad del negocio audiovisual, en un momento caracterizado por la multiplicación de la oferta y el cansancio de los formatos publicitarios tradicionales.

El desarrollo de la cultura audiovisual que se ha producido en las últimas décadas ha favorecido la proliferación de una importante masa crítica entre las nuevas generaciones de espectadores en relación con la estética y lo visual. Nuestra juventud está completamente familiarizada con el discurso audiovisual, y al contrario que la juventud que vivieron nuestros padres y abuelos, cualquiera está plenamente capacitado para enfrentarse a cualquier tipo de formato que represente imágenes y sonidos, desde los clásicos films hasta la animación o los videoclips musicales, sin olvidar el poblado universo del videojuego. Probablemente, muy pocos de los nuevos espectadores sepan definir conceptos estéticos contemporáneos como el happening o la performance, pero cualquiera de ellos asiste con naturalidad a los espectáculos escatológicos en directo de Leo Bassi. Este profundo conocimiento y experiencia audiovisual (que, lamentablemente, no llega mucho más allá en el resto de parcelas intelectuales) ha favorecido un sentimiento crítico con respecto a los formatos tradicionales de la publicidad, que encuentra su símbolo más cristalino en el habitual ejercicio del zapeo. Los expertos publicitarios reunidos en el II Foro Profesional del Anunciante abogan por nuevas fórmulas publicitarias, planteando incluso técnicas que vayan más allá del “product placement” (publicidad presencial en series). Este tipo de publicidad, que ha tenido tiempo de perfeccionarse y sofisticarse, empieza a situarse ya en la linde de lo éticamente permisible: los productos no aparecen ya como fondo de la trama, sino que sirven incluso para articular las propias tramas en sí; los personajes llegan en ocasiones a exaltar en sus discursos las bondades de los productos, o simplemente los lucen, ejerciendo de reclamos con piernas. El blog www.elblogsalmon.com ha realizado un lúcido y detallado análisis sobre un capítulo de una de las series de mayor audiencia, “Aquí no hay quien viva”, registrando hasta 150 marcas en apenas 5-10 segundos al final del capítulo; todas ellas, representadas en los distintos productos y servicios que sirven como soporte a la escenografía y el vestuario del capítulo. Estoy convencido de que llegará el momento en que una marca sirva como motivo central para una serie, de igual modo que ocurre ya con numerosos trofeos deportivos. Entonces sentiré el mismo pánico que me sobrevino cuando leí aquellos párrafos de Naomi Klein (“No Logo”) en los que aludía a la existencia en EE.UU. de programas universitarios promovidos y patrocinados por marcas comerciales. Una técnica comercial que me parece del todo aberrante y frente a la que hay que permanecer en guardia; ya sabemos que del “amigo americano” todo acaba pegándose.

2006/05/04

Génesis, la nueva serie de cuatro

Me acerco al primer episodio de la nueva serie de Cuatro, Génesis: en la mente del asesino con cierta aprensión y desconfianza. Ya he comentado alguna vez que me cansan las series españolas, me aburre su costumbrismo, me aburren sus chistecitos fáciles, me aburren sus argumentos para toda la familia y lo que más me aburre es la sensación de deja vu que destilan todas las producciones. Siempre me queda la sensación de haber visto en el primer episodio de casi todas ellas, la misma oficina de Periodistas, la de El Comisario, o los decorados teatrales, chapuceros y poco imaginativos (además de baratos) de Aquí no hay quien viva o alguna de este tipo.

Génesis
está protagonizada en sus papeles principales por Verónica Sánchez, Pep Munné y Quim Gutiérrez. De este trío la más conocida sin duda, es la primera, famosa por su paso por Los Serrano y que hace muy poco protagonizó también la exitosa secuela Los dos lados de la cama. Curiosamente fue ella, su interpretación, lo que me pareció más flojo del primer episodio. Quizás porque se hace difícil aceptar que la cursi y pesada niñata de Los Serrano sea ahora una seria psicóloga, antropóloga, forense (sic). Se la ve un tanto incómoda, como si se sintiese a veces fuera del personaje.

No se pueden lanzar las campanas al vuelo por este primer episodio, pero sí parece importante que las cadenas intenten apartarse de los productos habituales y recurran a otros formatos e ideas que puedan llegar a distintos segmentos de la audiencia. Ahí por cierto, Cuatro juega con ventaja, porque se puede permitir hacer una serie como ésta sabiendo que si obtiene un 7% o 8% de share será un relativo éxito para ella (mientras que para las otras cadenas sería motivo de retirada inmediata de la serie). Además, ese público no tiene que buscarlo entre el habitualmente mayoritario y familiar del prime time, sino entre ese otro público joven y adolescente, que ha encumbrado a House como una de las relevaciones de la temporada y que se puede sentir tentado por estas historias autoconclusivas de psicópatas a la española, de asesinatos sin móvil aparente que este equipo de la policía tiene que desentrañar, acercándose a las oscuras mentes de los asesinos.

No se puede negar que el capítulo de ayer fue una sucesión de tópicos ya vistos en muchas producciones norteamericanas (la novedad es presentarlo en España). De hecho la estética de los protagonistas recuerda un poco a la de los inolvidables Mulder y Scully (me temo que no llegarán a acercarse a la calidad de aquella mítica serie) y la atmósfera un tanto sórdida en la que se desarrolla la trama, recrea e imita a las de películas como Seven o El coleccionista de amantes.

Pero es un cambio. Una novedad en el panorama de la televisión española. Es de esperar que se les dé tiempo, que poco a poco los actores se vayan acomodando en sus personajes y que los guionistas sepan mantener la tensión de las tramas. Génesis compite de momento la noche de los miércoles. Enfrente tiene a una serie completamente aposentada como Hospital Central en T5 y a otra que es la revelación de la temporada, Los hombres de Paco, en A3. Difícil papeleta. Veremos que pasa.

Una duda. La Sexta está emitiendo Los Soprano. Esta serie tuvo una legión tremenda de seguidores cuando la emitió Canal Plus (tremenda teniendo en cuenta que era una serie emitida en una televisión de pago). Críticos como Carlos Boyero siempre la han alabado con rotundidad. Sabiendo la poca gente que les iba a poder ver al comienzo de sus emisiones ¿por qué se están cargando la que podría ser su serie estrella? También compite los miércoles y, como el resto de la programación de la cadena, no la ve prácticamente nadie. ¿Tendrán idea de volver a emitir esta primera temporada cuando sus emisiones alcancen a toda la población? Si no es así, la verdad, no lo entiendo.

2006/04/25

El homo videns, la información y la democracia (y dos)

(Continuación del post anterior)

Tal vez sea éste el aspecto más polémico del ensayo de Sartori. En su obra, como ya comenté en el artículo anterior, advierte sobre el empobrecimiento del entendimiento y la pérdida de la capacidad de abstracción. Ambos hechos estarían provocados por la primacía de la imagen (la televisión) sobre la palabra escrita. Según él, esta situación significa un grave peligro para la democracia.

Para entender su planteamiento es necesario conocer lo que él considera que sucede con la información que emiten los medios, tanto audiovisuales como escritos. La televisión se ha impuesto a los medios tradicionales. No tiene competencia. Consigue algo que nunca o casi nunca consiguió la prensa escrita: los intermediarios no son relevantes, sólo el medio en sí. Algo es, o no es, tan sólo porque lo ha mostrado la televisión.

Esta circunstancia es crucial y nos lleva a analizar cuál es la información que se está ofreciendo por la televisión. Sartori la divide en dos tipos fundamentales: la subinformación, es decir, una información insuficiente, que provoca reduccionismos muy peligrosos y no sirve para conformar una opinión de peso; y la desinformación, una distorsión y manipulación de la información ni siquiera necesariamente consciente, fruto de las imposiciones del propio medio y de su afán de buscar siempre lo novedoso y excitante. El resultado es una aldeanización de la televisión. Es decir, una vez que se ha impuesto en el espectador medio que lo que no sale por la televisión no existe y que lo que no se ve no es relevante, la necesaria reducción de los costes de producción (mandar cámaras lejos es mucho más costoso) unida a la sentimentalización de las noticias, acarrea un regreso informativo a lo local, al suceso, a la mirada corta y localista, centrada tan sólo en lo que sucede en el propio entorno. Se obvian con ello las noticias de política internacional, o incluso nacional, alejadas en principio (falsamente) de los intereses y problemas de cada uno. Sólo se muestra aquello que es mediático y por tanto, susceptible de ser transformado en espectáculo. Las noticias deben ser excitantes y emotivas para mantener al público atado al sofá. De ese modo se potencia la aparición y difusión de posiciones extremas y personajes radicales.

El tipo de información que prolifera en la televisión afecta a la política y a los políticos, porque éstos son conscientes de que cada vez es más importante el cuidado de su imagen y lanzar soflamas mediáticas, y menos relevante el actuar de manera responsable en el ejercicio de sus funciones gobernantes. Políticos como aquel Julio Anguita de programa, programa, programa, desaparecen, dando paso a la nueva videopolítica (como la define Sartori). Ésta se va haciendo más y más dependiente de los sondeos y de la opinión pública y por tanto, menos independiente para tomar decisiones, siempre temerosa de perder apoyo popular. Los partidos políticos pierden entonces su poder como reserva ideológica, y el líder carismático y mediático vuelve al primer plano de esta sondeocracia.

Este el punto más controvertido de las tesis de Sartori. El autor parece dejarse llevar por la ensoñación de que en una época anterior la base intelectual de la sociedad estaba más preparada e informada, disponía de una prensa escrita plural, de calidad y era un referente cultural para el resto de la población (una opinión pública culta, no mayoritaria pero influyente). El pueblo votaba a sus representantes pero éstos, ante la incapacidad técnica de conocer las opiniones de sus electores, no tenían más remedio que tomar sus propias decisiones, apoyándose en sus partidos, en su ideología y en esa opinión pública no mayoritaria pero teóricamente preparada, hasta que se produjeran las próximas elecciones. Éste es un planteamiento claramente elitista. Además, Sartori parece confundirse (y no parece casual).

Por un lado reclama una televisión mejor y que sea desbancada de su papel preeminente informativo en beneficio de la palabra escrita. Indica, con razón, que el gran fracaso de las democracias de los estados del bienestar ha sido pensar que con la educación universal y obligatoria se crearían ciudadanos preocupados por la cosa pública. Y no ha sido así. La preparación con la que se responde a encuestas o sondeos por parte de la población es muy pobre, no se tiene la masa crítica de información necesaria ni las capacidades de juicio independiente desarrolladas, para opinar con criterio. Muchos apenas balbucean (intelectualmente hablando) la opinión inducida desde los medios. Pero ese fracaso no parece ser lo que moleste realmente a Sartori, sino que esa gran masa de personas desinformadas o mal informadas pueda llegar a influir en las decisiones políticas. No parece que el número de personas enteradas de temas políticos sea ahora menor que el de hace cincuenta años (entre otras cosas porque el grado de analfabetismo entonces era muy superior), por lo tanto lo que le perturba no es ese analfabetismo funcional actual del pueblo, sino que ahora lo que opina y se induce a opinar a esa masa es relevante y decisorio.

La posibilidad de la democracia directa o participativa está ahí. La democracia representativa se antoja obsoleta por la cantidad de mecanismos de consulta y participación que las nuevas tecnologías nos descubren todos los días. Asuntos como la participación de España en la invasión de Irak o el intento de implantación de contratos explotadores para los jóvenes en Francia lo demuestran. La preocupación justa que destila el pensamiento de Sartori es que la información que recibe la gente es pobre, insuficiente y manipulada. Bien. Pues entonces tendremos que mejorar la educación y replantearnos cómo se está ejerciendo. Otros autores como Gustavo Bueno, responsabilizan a los propios espectadores de la televisión que tienen. Defienden que ésta es el reflejo del pueblo. Pues vale. Puede ser, en parte. Pero este tipo de planteamientos pretendidamente lúcidos y acusadores no ayudan a buscar ninguna solución. Además, se podría responder, desde las tesis de Sartori, que ese público ya ha recibido, desde niño, una educación principalmente visual y pasiva, y por tanto ya ha visto atrofiada sus capacidades cognitivas.

Volvemos por tanto a la educación. No sirve buscar un control de lo que la televisión emite. Esas ideas de pensar por el pueblo por el bien del pueblo, pero sin él, nos retrotraen a otros momentos históricos. Es inasumible una marcha atrás Basta pues, tanto de elitismos como de conformismos. Hemos de luchar por conseguir una población educada y cultivada que pueda establecer verdaderos juicios críticos y que sean sus decisiones como espectadores, las que produzcan una televisión de calidad y útil. Hoy estamos lejos de esa bonita idea, pero ante regresiones elitistas o conformismos interesados ése debe ser el camino y el fin de lo que se busque.

2006/04/24

El Gran Wyoming está de vuelta

Para evitar la sobredosis catódico-cofrade, me zambullí durante el pasado fin de semana en el universo TDT. Además de llevarme una sorpresa con La Sexta (creo que tiene bastantes potencialidades, y desde luego es mucho más atractiva de lo que lo era la Cuatro en su arranque), tuve la oportunidad de volver a encontrarme con El Gran Wyoming. Se podrán decir muchas cosas de este animal mediático, se le podrán coser al cuello todas las etiquetas ideológicas que se quiera, pero de lo que no cabe duda es de que se trata de un verdadero monstruo televisivo, una de las figuras más creativas, ingeniosas y estimulantes del panorama audiovisual nacional.

Ahora su programa se llama “El Intermedio”. En él, Wyoming milita como diletante deslenguado. La diana de sus iras son los medios de comunicación. Se contiene, pero es una contención sólo aparente, ya que el refuerzo de las canas le ayuda a cabalgar a lomos de una sobriedad cínica en la que parece sentirse muy a gusto. No tiene que engañar a nadie: se sabe socialdemócrata, en ocasiones liberal, pero siempre, y ante todo, agudo en sus observaciones, predispuesto a la caricatura desacomplejada, a la burla argumentada y casi siempre irónica. La única crítica que puede hacérsele es, si acaso, esa: su tendencia “progre”. Que en realidad no es asumible como crítica, de igual modo que la filiación nazi no resta valor a la potencia visual de los documentales de Riefehnstal, ni la connivencia de Céline con el gobierno de Vichy logró mutilar nunca el pellizco de algunos párrafos de “Viaje al fin de la noche”. Dos casos que, de cualquier modo, no resultan comparables, ya que Wyoming, como Groucho Marx o Woody Allen, siempre ha mantenido su lucha en el terreno cordial y ácido de la palabra.
El programa recuerda a “Noche Hache”, a medio camino entre el magazín y el late night, pero es semanal y eso se nota: los chistes, aunque aparentemente improvisados, están muy labrados, de forma que es difícil no entregarse a la sonrisa. Además está Wyoming, que ejerce de perfecto maestro de ceremonias. Nada que ver con aquel Wyoming nervioso de “La Azotea”, que parecía no encontrar su sitio y que acabó cayendo por el balcón de la audiencia. Éste de ahora es el mejor de Caiga Quien Caiga (cuando ese programa era todavía CQC, y no el compendio de monigotadas y efectos de PlayStation en que se ha convertido ahora), el mismo de “El peor programa de la semana”, pero más cáustico y cínico si cabe. Está de vuelta, pero una vuelta que le sienta muy bien. Recomiendo a todos, sean del signo que sean, que dejen la ideología en casa y se sienten a ver este espectáculo. En medio de tanta bazofia, cosas como ésta lo reconcilian a uno con la tele.

2006/04/23

El advenimiento del homo videns

Es una advertencia. Una reflexión preocupada y combativa. Un planteamiento provocador que se asume como tal. Un grito razonado que intenta despertar las conciencias adormecidas y provocar debate. Escrito a finales de los 90, Homo Videns, la sociedad teledirigida, es un ensayo del afamado politólogo italiano Giovanni Sartori, Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales en el año 2005, en el que el autor defiende la tesis de que la primacía de la imagen (representada por la omnipresente televisión) en la sociedad actual, significa un empobrecimiento letal de la capacidad del ser humano para conocer y entender, puesto que supone la atrofia de su capacidad de abstracción y de pensamiento simbólico.

El papel de la televisión como fuente de entretenimiento y diversión no es puesto en duda, ni criticado. Pero siendo esto necesario y vital para el ser humano no puede convertirse en el centro de su actividad, y actualmente ésa es la principal función de la televisión, así como la de sus filiales visuales, los videojuegos y el propio Internet (con vida e intenciones propias pero con contradicciones evidentes, como su hipertexto, pretenciosa lectura no secuencial). De lo que duda Sartori (y con razón) es de su función formadora e informativa. Lo visual, que debiera ser un complemento y aliado útil de la palabra escrita y hablada, se ha convertido en el todo, en el ser. Lo que es, es lo que existe en la televisión. Sólo tiene sentido como ella lo muestra. Y en ella, la palabra ha quedado completamente supeditada a la imagen. El espectador pues, queda a merced de estímulos sensitivos, va desertando de sus capacidades cognitivas, y en ese tránsito se produce la sustitución del homo sapiens por el homo videns.

Es necesario entender que este planteamiento es una visión extremista de la realidad con el que se busca alertar de un problema, pero que las premisas de las que parte son ciertas y contrastables. La experiencia demuestra que los niños de hoy ven cientos de horas de televisión antes de aprender a leer y a escribir. Es decir, su impronta educacional es plenamente audiovisual, pasiva, destructiva respecto a la imaginación o la creación. Ello conlleva una regresión evidente a la hora de su expresión escrita y oral. En muchas ocasiones no hay manera de que los escolares se expresen con un mínimo de decoro a la hora de redactar o exponer cualquier idea. La palabra escrita se abandona, se la considera elitista frente a las nuevas formas (divertidas, entretenidas e interactivas) de difusión del conocimiento. A través de la imagen, por supuesto. Pero el ser humano es antes todo un ser simbólico y se mueve siempre en el campo de las abstracciones, aunque no quiera o no esté educado para ello. De ahí el empobrecimiento con el que especula Sartori respecto a la utilización y el entendimiento de concepciones mentales. Una mesa es fácilmente representable visualmente, pero ¿cómo representar conceptos como libertad, felicidad o justicia? Sólo de una manera pobre, parcial y distorsionada.

Dejando a un lado el mundo de las abstracciones, filosóficas o sociales, no podemos olvidar que el mundo de la ciencia no puede sobrevivir sin el pensamiento abstracto y por tanto le es necesario la formación en ese campo. Cada vez se hace más evidente la incapacidad real de mucho niños de leer (y cuando digo leer no me refiero al acto de juntar letras formando palabras y frases, sino a entender) problemas básicos de física o matemáticas. Muchas veces sabrían resolverlos con las armas físico-matemáticas que han aprendido, pero el problema es que simplemente leen el texto y no se enteran de nada. Después, cuando se les explica de una manera vulgar y directa, con ejemplos concretos, lo que les pedía el susodicho problema, se les ve confusos, extrañados; se dan cuenta de que podrían haber intentado resolverlo. No había sido la física la traba. Había sido la compresión del texto.

Por último, una experiencia visual pero contada con palabras. En las principales estaciones del metro de Madrid fueron colocadas hace ya un tiempo grandes y pequeñas pantallas que emiten la programación de un canal propio, de la empresa, que da pequeñas noticias y emite infinita publicidad. El metro siempre ha sido reducto de lectores que aprovechan los a veces largos trayectos que se han de hacer por el subsuelo de la capital, para leer y no aburrirse. En estas estaciones, lentamente, se va imponiendo entre los usuarios la atención a la televisión. Hace poco, me dirigía con prisa hacia un andén de la estación de la Puerta del Sol. Justo al girar por el pasillo y entrar en él, la imagen que descubrí fue demoledora. Fue un segundo, como si el tiempo se parase. A lo largo de los andenes enfrentados, unas treinta o cuarenta personas dispersas, solitarias y silenciosas levantaban sus miradas vacías, perdidas y cansadas hacia las pantallas. Parecían autómatas. Las imágenes que veían eran mudas, no se escuchaba ni un ruido. Fue un segundo, pero al verlos allí, no pude dejar de pensar en alguno de los relatos febriles e inquietantes del atormentado Philip K. Dick y en las pesadillas totalitarias y alienantes de Orwell.

Continúa

2006/04/19

Paquirrín, o el nuevo Prometeo

Leporino García

Pongamos que Mary Shelley hubiera vivido en nuestro tiempo. Pongamos que en lugar de recluirse en aquel castillo victoriano junto a Byron y sus amigos lo hubiera hecho en un piso del barrio sevillano de Triana. En tal supuesto, estoy seguro de que, en lugar de un personaje como Frankenstein, hubiera alumbrado una figura tan inquietante, triste y digna de compasión como Paquirrín. Y no estoy hablando del físico. Hablo de su condición de monstruo mediático, de engendro fabricado por las manos humanas con fines espurios que al final acaba volviéndose contra sus creadores. Shelley concibió al nuevo prometeo. Nuestro vertedero televisivo ha creado al prometeo mediático. Quico, Paquirrín, el Hijo de la Pantoja, todas son formas diferentes de aludir a un mismo icono: la personificación del daño que provocan los objetivos, los peligros de una vida moldeada por las cámaras. Las declaraciones de este fin de semana en el programa “Salsa Rosa” me recordaban los estertores del monstruo que perseguía al doctor Frankenstein por el Polo. Y aunque un asunto como éste resulta difícilmente abordable si no es desde la frivolidad, me parece que en realidad esconde un drama bastante serio.

Recuerdo que yo era muy pequeño cuando las cámaras ya seguían a aquel niño por las calles de Los Remedios. Su madre, la Pantoja, lo exhibía ante los medios como un triste trofeo y como evidencia dolorosa de su viudedad. El niño se recluía entre las piernas de sus mayores, y se le veía asustado ante la voracidad de los flashes. Cada uno de los movimientos de su madre, entregada a una existencia de plenitud mediática, eran también auscultados en la boca del niño. Los medios siguieron de cerca la aparente transformación de la viudedad dolorosa de la madre en una viudedad alegre y homosexual, que más tarde derivó en un carácter presuntamente ambicioso y, al decir de los medios, en una personalidad agresiva y egocéntrica. Por último, la Pantoja se ha transformado ahora en el símbolo del “trepismo”, gracias a su vinculación con Julián Muñoz, el continuador de Gil en el Imperio Marbella. Cada uno de los dolorosos episodios de su madre, el prometeo mediático los padeció como heridas contra su piel, heridas que a su vez iban forjando su condición de animal televisivo. Ahora Quico supera la veintena, y pacta con su creador: a cambio de dinero, ha vendido lo que le quedaba de intimidad a una televisión; él mismo se inmola en la plaza pública, se inflinge autolesiones que por otro lado le permitirán seguir sobreviviendo. Este vuelo kamikaze no augura buenos presagios. Confieso que el chaval me cae bien: espero no verlo perderse entre los fiordos del Polo.

2006/04/18

¿Quieres ser Dios?

Desde el pasado domingo, el canal neoyorquino A&E emite un nuevo y sorprendente reality. Con el título de Dios o la chica, plantea la disyuntiva más antigua y machista del Antiguo Testamento, la salvación frente a la tentación carnal femenina, y sitúa al planeta de los reality shows en una órbita hasta ahora desconocida: la órbita del misticismo. Cuatro jóvenes deberán escoger entre la fidelidad a su vocación religiosa o dejarse llevar por sus apetitos sexuales más primarios, representados en una Mujer 10 cuyo único cometido durante las 24 horas será poner frente a las cuerdas a los jóvenes concursantes.

El planteamiento de este nuevo reality, al margen de encumbrar a la mujer al estadio más sublime de objeto sexual (si habláramos de Pavlov, ellos serían los perros y ella la chuleta), plantea un interesante debate sobre la relación entre la televisión, la fama y la religión. Sin duda, la televisión se ha convertido hoy en el canal más infalible de acceso a la fama. El “famoso” adquirió todo su fundamento con la televisión; antes de esto, sólo existía el personaje popular, el hombre socialmente conocido, hábil para las relaciones, atractivo y dotado con carisma y talento; el modelo de personajes tan dispares como Cocó Chanel, Oscar Wilde o Truman Capote, considerados como reclamos que garantizaban el triunfo de cualquier encuentro social que quisiera alcanzar cierta notoriedad. La irrupción de la televisión convirtió la fama en algo muy diferente de lo que era hasta entonces, el “famoso” no tenía por qué tener más atribución ni adjetivo que el mero epíteto. En cuanto a la relación entre fama y religión, resulta obvia: constreñidos en nuestra condición de hombres finitos y limitados, la fama se plantea como el simulacro más próximo a lo divino. En 1967, en plena euforia de fama y excesos, Lennon pronunció aquella frase inolvidable: “Ya somos –en referencia a los Beatles- más famosos que Jesucristo”. Sin duda se trata de uno de los patinazos más sonados de la Historia del pop, pero también de uno de los testimonios más lúcidos de los peligros de la fama. En El show de Truman, el personaje principal llega a convertirse no sólo en un ser entañable para generaciones de televidentes, sino en un trasunto de Dios, alguien alabado y admirado, todo un modelo de referencia ética. Ahora, por primera vez, un programa de televisión afronta esta relación de forma directa, sin devaneos ni pretextos. Logrando sortear las tentaciones de la carne, como Jesucristo rechazó las ofrendas envenenadas del Demonio en el desierto, el personaje televisivo alcanzará la fama, y lo hará a la manera de Dios: empeñando su propio sacrificio y la negación de su humanidad. Se convertirá así en un modelo a seguir, un profeta catódico, alguien a tener muy en cuenta para todo lo referente a la moralidad. Algo así como el Padre Apeles, pero con una fe testada ante notario.

2006/04/17

Doce meses, doce estafas

La Responsabilidad Social Corporativa, ese engendro creado por los gurús del management y el marketing en los años 60 para lavar la mala conciencia de las grandes multinacionales, ha irrumpido también con fuerza en la esfera de los mass media. En el panorama empresarial actual, cualquier gran compañía que se precie debe tender a promover políticas que favorezcan la mejora social, laboral y medioambiental de su ámbito de actuación. Es la consolidación del modelo de “empresa amable”, respetuosa con el entorno y –aparentemente- nada fiera. En nuestra televisión, el modelo de empresa afín a los principios de la RSC está representado por Telecinco, a través de su proyecto bandera de “12 meses, 12 causas”. Un proyecto que, después de varios años de rodaje, ha resultado ser bastante vacuo y carente de sentido, y viene a representar de manera muy gráfica la incoherencia e inconsistencia que, más allá de la apariencia, tienen los principios de la responsabilidad social corporativa aplicada al mundo de la empresa audiovisual.

Por encima de los eslóganes y los titulares, resulta evidente que Telecinco incumple a través de su programación diaria todos los principios que defiende mediante sus presuntas causas benéficas mensuales. Empezando por la protección al menor, que se viola de manera sistemática cada día de emisión, y continuando por la defensa de los derechos de la mujer (la mujer como objeto es representada no sólo en la publicidad, sino también en los programas de emisión nocturna), el respeto a la dignidad de la persona o la lucha contra la pobreza (la ostentación de la gala de Miss España –no hablamos del mal gusto- o los contratos multimillonarios para la emisión de la Fórmula 1 representan en sí mismo verdaderos insultos a esta supuesta lucha), a lo largo de toda la programación de la cadena se constata una pasmosa y descarada disfunción con respecto hacia esos supuestos principios que al final se queda en nada.

Llegados a este extremo cabe preguntar: ¿qué beneficio reporta a Telecinco esta estrategia? ¿Resulta rentable propagar valores por el mero hecho de propagarlos, aunque luego sobre la práctica se demuestre su ausencia de fundamento y su incoherencia con respecto al “discurso práctico” del canal? ¿No se trata, sin más, de un fraude al espectador, de un maquillaje indecente de la realidad, de pura cosmética barata? En tal caso, propongo que le cambien sin más el nombre. Además de más sincero, “Doce meses, doce estafas” resultaría más contundente y agresivo. Y vendería más, que es de lo que al final se trata.

2006/04/12

La Semana Santa y la televisión

Otra vez está aquí. El eterno regreso. La Semana Santa, ésa que para muchos ya sólo es santa debido a que se sigue escribiendo con mayúsculas en señal de extraño respeto al recuerdo, camina ya por su ecuador, dispuesta a festejar sus días grandes. Uno, que hace ya casi siete años que abandonó Sevilla (verdadero centro neurálgico de este evento folclórico-religioso) no puede dejar de recordar aquellas madrugadas de jueves santo que aprovechábamos para salir toda la noche y montar formidables botellonas. Enfrentándonos así a otros jóvenes, que iban de tradicionalistas durante esa semana, para dejar las del resto del año para ser más crápulas aún que nosotros. Porque sí, aunque algunos las descubren ahora con sorpresa y miedo, las botellonas (o sus vertiente masculina, los botellones) ya tenían lugar de manera masificada hace más de diez años. Con los mismos problemas que hoy se plantean como irresolubles y las mismas tergiversaciones de la realidad. Pero volvamos al tema. La Semana Santa, televisivamente hablando, es el hecho noticioso más monótono y repetitivo del año, junto a las navidades y la vuelta al colegio después del verano. Seguramente el más cansino y aburrido de ellos, por su pretensión de trascendencia y la invasión social que supone.

Andalucía y principalmente Sevilla se convierte en esta semana en fuente inagotable de anécdotas e historias con las que rellenar las horas muertas de la televisión y los vacíos informativos de los telediarios. No sólo se exprime esa tierra, también se aprovecha para mostrar con total crudeza y sin cuestionarse nada, imágenes de tíos que arrastran cruces por las calles de sus pueblos, caminan descalzos soportando latigazos o realizan las más brutales penitencias. Estos actos son expuestos sin pudor, como algo natural, propio de la época, y no como lo que son, actos fanáticos que rayan la locura. Algunos lo califican de folclore popular. Vamos, como lo de tirar la cabra desde el campanario. Lo mismo. Pero la televisión siempre termina girando sus ojos humorísticos hacia Sevilla. Yo creo que los directores de algunos informativos se frotan las manos cuando escuchan pronósticos de lluvia para estos días. Con ello se aseguran esos dramas humanos que tanto gustan a unos, hacen sonreír despectivamente a otros y provocan la risa sardónica a más de uno ¿Qué sería de una Semana Santa sin las imágenes de ese crío que llora desconsolado con el capirote entre las manos tras recibir la noticia de que la lluvia impide la salida de su hermandad? Pobrecito...Si llorara así por no ir a la escuela...Después te muestran a los nazarenos o a miembros de la banda de música que expresan su desesperación ante el fiasco de su día grande (nada peor que perder el protagonismo que lleva uno esperando todo el año). Observamos miradas intensas lanzadas al cielo (como preguntándose el porqué de ese castigo divino) de personas que hacen como que no ven que les graban. Aparece la típica señora que comenta entre lágrimas que no sabe que es lo que va a hacer ella este año sin haber visto a su virgen desfilar. O el caballero cicunspecto y perfectamente enchaquetado que indica que él llevaba todo el año esperando y preparando la salida de la hermandad y que toda la ilusión y trabajo de todo el año se ha ido al traste.

Material televisivo de primera. Todo el sentimentalismo vacío y rancio posible en un solo suceso. Si no fuera porque ya está tan gastado y manoseado. Y porque ya sabemos además que ese crío estará en dos horas jugando a la Play, tal vez contento de haberse evitado la caminata ésa que hace más ilusión al padre que al chaval (digamos la verdad); que los de las miradas intensas cuando hayan sentido que ya no les graban se habrán marchado a casa hablando de fútbol; que las lágrimas de esa mujer se habrán transformado en dardos dialécticos, faltos de la piedad que representaba anteriormente, que estará lanzando a algún familiar o vecino ausente; y que ese tío que hablaba de falta de ilusión estará hinchándose de cervezas y jamón con los amigos (jamás con su mujer) en el bar más cercano.

Todo es un show. Folclore lo llaman otros para darle una pátina de dignidad. Cansados estamos los que vemos esto desde la barrera (porque no nos interesa como hecho religioso y como folclore preferimos disfrutar de otros eventos menos pretenciosos, menos cerrados, menos falsos y menos excluyentes) de que nos digan que no somos lo suficientemente abiertos para disfrutar de él. O peor, de que nos digan que no deberíamos opinar sobre ello. Como si fuera la crítica una falta de respeto a las creencias de otros, a su intimidad religiosa...¿Intimidad? ¿Algo que se impone socialmente de la manera más brutal a través de los medios de comunicación, y que arrebata al ciudadano normal gran parte de las ciudades donde habita? ¿Intimidad? No, la Semana Santa, como tal ,con mayúsculas, invade completamente la esfera pública, y por eso se hace acreedora de las mismas críticas que cualquier evento de esta índole.

Por introducir algo positivo respecto a ella, mencionemos que durante esta semana todas la televisiones (originales ellas) además de poner las series más tontas y más antiguas para rellenar la programación vacacional, emiten todo un arsenal de películas basadas en el cristianismo, algunas de extraordinaria calidad. Así, es la hora de volver a ver Quo Vadis (con el magnífico Peter Ustinov haciendo de un impagable Nerón), La túnica sagrada, Las sandalias del pescador, Los diez mandamientos, Barrabás, alguna de la muchas películas basadas en la vida de Jesús, Ben Hur... Suelen poner también, años tras año, una película que no tiene nada que ver con los cristianos pero que imagino que emiten porque salen romanos y ya se sabe, todo se mezcla. Estoy hablando de la maravillosa Espartaco de Kubrick y Kirk Douglas. En esta época de Internet y DVD ya no es tan necesario como antes acudir a la televisión y sus horribles anuncios para disfrutar de estas películas, pero es justo reconocer que gracias a la Semana Santa muchos descubrimos y nos emocionamos con algunas de ellas.

Pobre consuelo

2006/04/06

Quién es (de)quién en los medios de comunicación

El fichaje de Antonio García Ferreras por la Sexta, tras deshojar la margarita entre volver a la que siempre fue su casa, Prisa (antes de su aventura en el área de comunicación de Real Madrid) o comprometerse con la nueva cadena (parece que podría ser el próximo director de informativos) me ha servido para reflexionar sobre la endogamia, las extrañas conexiones, los intereses creados y los juegos de poder que ocultan los medios de comunicación españoles mas relevantes.

Comencemos por ejemplo con Antena3. Observamos que su principal accionista es el grupo Planeta, propiedad del empresario catalán Lara. Es decir, la cadena que el PP puso en manos del compañero de pupitre de Aznar (Villalonga) a partir de la cuál, y a base de talón e influencias, se intentó construir un imperio mediático alternativo al imperio polanquista, fue traspasada, tras la caída en desgracia del amiguísimo y la venta posterior de la deficitaria Vía Digital, a dicha empresa (Planeta) para que le inyectara dinero y siguiera con la línea ideológica marcada en la anterior etapa. Lara compró también Onda Cero (venía en el paquete) encontrándose así con el marrón heredado de Kiss Fm y los millones que le debía a ese oscuro personaje que es Blas Herrero. Al mismo tiempo Lara apoyó, como máximo accionista, la creación de La Razón, proyecto parido por un Ansón que salía rebotado de ABC y que conformó el periódico de tirada nacional más conservador posible. Ése cuyas portadas dejan en pañales a las de los diarios amarillistas británicos. Recuerdo algunas míticas, como aquélla en la que ponía las caras terribles de unos inmigrantes, alertando así del proceso de regularización que se estaba realizando. La cosa fue que, como empresario catalán que era, Lara se vio obligado a pagar peaje al gobierno catalán y hacerse también con el paquete accionarial más importante del diario Avui, baluarte mediático del nacionalismo catalán. La esquizofrenia ideológica ronda a Lara sin afectarle demasiado. Alguno dirá que eso demuestra que tan sólo es un empresario que busca beneficios y no le importa apoyar diferentes causas plurales.

Podría ser, pero el problema se presenta cuando esos medios de comunicación carecen de toda objetividad y son los responsables de las mayores crispaciones, atentando contra la verdad , manipulando y enfrentando a unos ciudadanos contra otros. Personajes así, sin escrúpulos, que utilizan e influyen en los medios de comunicación para que fomenten la confrontación y no la reflexión sólo para extraer los máximos beneficios, podrán ser capitalistas modelos para algunos, pero son un peligro social para todos.

Ha salido Ansón a la palestra, sigamos ese hilo. Siempre se creyó el hombre clave de sus proyectos mediáticos, la cabeza pensante, el galáctico. De ahí sus rebotes cuando los que tienen la pasta lo apartan sin contemplaciones cuando ya no les sirve. Abandonó (le echaron) el ABC de Vocento para fundar La Razón y hace poco dejó (le apartaron) La Razón para integrarse en el complejo mediático que el siniestro neocon Julio Ariza (Grupo Intereconomía) está creando al abrigo de las discutibles concesiones televisivas que el PP está otorgando en las Comunidades donde gobierna. Ansón ya ha creado para Ariza, el que será nuevo periódico nacional en poco tiempo: La Nación del Tercer Milenio. Hemos hablado del ABC (es decir Vocento, su principal accionista) que es sin duda el clásico de los clásicos de la prensa de derechas de este país (ahora en guerra con la COPE por la pérdida de influencia entre su base social).

Pero Vocento también posee el 13% de Tele5, la televisión que más se enfrentó al Gobierno de Aznar, tanto en el tema del Prestige, como sobre todo en el asunto de la participación española en la invasión de Irak. Confuso, ¿no?. Pues más confuso resulta sabiendo que el máximo accionista de T5 es Mediaset (51%), empresa que pertenece al imperio de Berlusconi. Vamos, que T5 criticaba a Aznar gracias al capital del tío que metió a los italianos en la invasión de Irak y del grupo que se dirige mayoritariamente a la base social del PP. Muy divertido. Todo por la pasta.

Ahora llegamos a La Sexta. Comenzamos con la lucha entre las productoras dueñas más importantes. Globomedia, con sede en Madrid, trata de liderar la cadena apoyada por el PSOE nacional, enfrentándose así amistosamente, a Mediapro, con sede en Cataluña y apoyada por el PSC. Ambas pues, amistosamente, luchan ferozmente por hacerse el control ideológico de la cadena mientras proclaman de forma jovial y divertida, que tan sólo quieren entretener y divertir. ¡Qué divertidos somos todos! ¡Qué bien nos lo pasamos! Mientras, su consejero delegado es José Miguel Contreras, un nuevo amiguísimo (en este caso de Zapatero) que hasta ayer fue asesor del presidente del gobierno en la Moncloa, así como habitual de los partidillos de baloncesto con ZP (¿dónde habrán metido las pistas de padel de Aznar?...¡Qué tiempos aquellos, Pedro J.!). Como decía al principio: endogamia ,enchufes, conexiones oscuras...

Las concesiones analógicas del PSOE fueron muy independientes, sí señor. Para terminar con La Sexta, recordemos que las productoras consiguieron el típico socio inversor (Televisa) que posee el 40% del canal, pero ni pincha ni corta, a la espera, eso sí, de que esos enfrentamientos amables anteriormente mencionados, le permitan emerger y hacerse con el control. Seguro que el león mexicano no desaprovechará la oportunidad si se le presenta.

Y gracias a Televisa terminamos nuestro recorrido de conexiones, porque el gigante de la comunicación latinoamericana es aliado estratégico en la radio mexicana de...Prisa...¡Nuestro entrañable Polancone! No por archiconocidas sus posesiones han de dejar de tener su hueco en este repaso. Polanco no sufre de la esquizofrenia de Lara. Nunca ha tratado de adaptarse a la realidad y aprovecharse de ella. Descubrió hace mucho tiempo que le era más fácil (y rentable) adaptar la realidad a su negocio y empaquetársela bonita a los miles progres biempensantes que pululan ya no sólo por España, sino también por el mundo.

Hemos llegado pues a La Cuatro (Canal Plus en abierto...¡ja!) y sus telediarios de autor (hay que ver las tonterías que se dicen) pero sin fisuras y sin fronteras caminamos sin contratiempos por las tierras de la Ser, Digital Plus, El País, Cinco días, el As, los 40 principales, Localia, el Correo de Andalucía, el Correo de Jaén. Seguimos: Santillana, Alfaguara, la cadena de cines Warner Lusomundo, producción de cine a través de Sogecable...En el imperio mediático de Polanco no se pone el sol, no hay fronteras: 25% de Le Monde Diplomatique, incursión en el mercado latinoamericano, en radio Caracol, en la radio mexicana, en la prensa boliviana, intereses en Chile, Panamá, recién incorporado al mercado de la comunicación portugués como socio preferente del grupo más importante de ese país...

En el fondo, éste ha sido un somero repaso para poner de manifiesto la incoherencias , los chanchullos, los vínculos y las premisas de las que parten todo aquello que vemos, escuchamos y leemos en los medios de comunicación. Tal vez conociendo un tanto las entrañas de la bestia se comprenda mejor el porqué de mucho de lo que nos cuentan y la forma en la que nos lo cuentan.

2006/03/29

Andalucía te quiere mal


Leporino García

Ahora que el Partido Andalucista, para no ser menos, pretende forzar la incorporación del término nación al nuevo texto del Estatuto andaluz (está claro que la idiotez no tiene fronteras), resulta lastimoso asistir a un espectáculo como el que se vio en TVE1 el pasado sábado por la noche, y que pretendía ser “la puesta de largo” de la nueva imagen de la marca turística de Andalucía. Lo que se oyó y vio durante esa gala, que pretendía ser un compendio de los valores más exportables y universales de la “nación andaluza”, es para echarse decididamente a llorar. Se ofreció una imagen pobre, distorsionada y totalmente aferrada al tópico de una Andalucía que, según Chaves, cabalga a lomos de la “Segunda Modernización”, pero que en realidad parece avanzar arrastrada por una borrica con mataduras. “Andalucía te quiere” era el eslogan de la nueva identidad y también de la gala. Uno no puede más que decir que para quererte así de mal, mejor que no te quieran.

Lo más triste no es la imagen que se ofreció de Andalucía; lo realmente miserable y que mueve a la rabia es la cantidad de dinero que una gala como esa ha costado a la Administración autonómica, no sólo por el caché –económico, claro está- de los artistas sino por la propia contratación del espacio en TVE1, en horario de prime time y acompañado de toda la artillería promocional de la cadena.

El plantel de los invitados mueve al desquiciamiento, comenzando por el propio presentador, el mismísimo Bertín Osborne, la cristalización más lograda de la Andalucía cortijera, y continuando por un completo elenco de andaluces de postal de verbena, con la Pantoja en la punta de lanza, perfectamente secundada por engendros del histrionismo ibérico como Azúcar Moreno, Las Ketchup o el andrógino Falete. A esta vis folclórica se sumó la contribución de otros artistas de perfil más artístico como Estrella Morente, Huecco o María Pagés, que compuso una imposible y ridícula performance en torno al Imagine de Lennon (decididamente, hay cosas que no están para el flamenco). Para rizar más el rizo, de vez en cuando aparecían en pantalla algunos prescriptores que, a modo de Mago de Oz, vendían a la audiencia las excelencias de Andalucía. Como en un cajón desastre, mezclaron a Bisbal con gente como Curro Romero, José Saramago (con cara de estar pensando: “¿y qué hago yo aquí?”), Vitorio y Luchino o hasta el mismísimo Manuel Chaves, visiblemente henchido por la oportunidad de dirigirse durante un minuto y medio –ni un segundo más ni menos; los conté- a toda la audiencia, como el mismísimo Rey de España en la cena de Navidad. En todo este despropósito, y para más inri, habían sido invitados a la gala algunos Artistas Internacionales (así, con mayúsculas), cuya inclusión en el programa resultaba totalmente extemporánea, por más que los productores pretendieran emplear el “calzador” de acompañar las actuaciones con imágenes diversas de Andalucía. Situándonos en el target de la gala –perdonen la horterada-, uno no acierta a imaginar de qué forma pueden contribuir Paul Carrack o Shakira bañados en imágenes de la Alambra o de langostinos sanluqueños a “vender” Andalucía. Porque esa es otra: se supone que nuestro producto turístico tiene una clara vocación internacional, y para venderlo empleamos un formato dirigido a marujas de mesa camilla. Como andaluz, no puedo sentir más que bochorno por el triste espectáculo ofrecido por nuestros estrategas de la promoción. Sólo les agradecí un gesto: haber prescindido –por una vez, y sin que sirva de precedente- de Los del Río. El “Macarena” ya hubiera parecido choteo.

2006/03/28

Periodistas...


Miguel Iríbar

Ser periodista es muy pesado. Es lo que uno piensa cuando recibe tantas y tantas noticias iguales e igualmente aburridas a cualquier hora del día. ¿Alto el fuego de ETA? Uno imagina a decenas de redactores, a becarios, a jefes de sección, visionando rápidamente miles de cintas para editar en media hora los contenidos que habitualmente se liquidan en media jornada. En cualquier avance informativo de cualquier cadena, en cualquier programa que trate la actualidad, todo da la vuelta para caer en lo más obvio posible; los tertulianos, que tenían preparadas sus manidas reflexiones sobre el Estatut, escupen ahora sus improvisadas teorías acerca del fin de la violencia. ¿Ha muerto Rocío Dúrcal? ¿Está mejor Rocío Jurado? Tiremos de archivo, saquemos el tarro de las frases hechas… “Amiga de sus amigos”, “una persona querida y respetada”, “una gran trabajadora”… Da igual que muera Jesús Gil, el proceso y las frases van a ser casi idénticas, los redactores tienen que llenar espacios, los tertulianos cobran por hablar de lo que sea, la actualidad manda, la publicidad paga y el espectador, por lo general, se aburre. Esto no va con él, que no se meta demasiado en estos terrenos, que no aspire a ser algo más que un número, por favor, bastantes problemas tenemos ya. Mañana nos comeremos un cruasán viendo las audiencias y veremos si lo hemos hecho bien. Cada programa a su estilo. ¿Decíamos Rocío Dúrcal? Bondad absoluta en la Primera, repaso profesional en La 2, resumen de vida amorosa y posibles adicciones en el Tomate, comentario sobre sus escenas lésbicas con Barbara Rey en algún nocturno, y un triste sacapelas contestando a repugnantes preguntas en Salsa Rosa para amenizar el fin de semana.

Ser periodista es una lata. Casi ningún profesional encargado de estas labores se siente a gusto, todos piensan en dejarlo y montar un videoclub, una escuela de buceo en un lugar de playa, o dedicarse a cualquier cosa que les deje tiempo libre; todo con tal de no seguir contando historias que ya no le interesan, de no seguir sintiendo la futilidad de su esfuerzo diario. Los programas están hechos por jóvenes desengañados y jefes dominados por empresarios maleados. El dinero manda, el espectador se duerme, el periodista paga la hipoteca de la casa que no habita con la mujer que ya no ve. Eso jode. Y se nota.

2006/03/27

Analfabetos científicos

La gente de la cultura siempre mantiene un discurso indignado e insatisfecho que defiende que la televisión no debe servir sólo para entretener sino también para formar y educar. Si exceptuamos los casos manifiestos de aquéllos que dicen ese tipo de cosas sólo para sentirse bien consigo mismo, enfrentándose así a telesatán, habría que dar la razón a esos otros que advierten que un medio como la televisión, se infrautiliza usándolo tan sólo como mero entretenimiento de masas (con las consecuencias alienantes que ello conlleva), cuando por sus características, su función educadora y divulgativa podría ser infinita. Estando de acuerdo en que es lastimosa la ausencia de programas de cultura que ayuden a pensar y a informar sobre temas que no sean sólo política local o asuntos intrascendentes, hay que reconocer que al menos tradicionalmente siempre ha habido en la parrilla algunos programas relacionados con el mundo de las letras (recordar el programa del inclasificable Sánchez Dragó o el de Javier Rioyo). El mundo de las artes, el cine, el teatro y literatura siempre ha sabido encontrar su hueco, pequeño pero prestigioso, dentro de la televisión (casi siempre en las públicas, no nos engañemos) pero...¿Y la ciencia?

Exceptuando el famoso programa de Punset (famoso por su presentador sobre todo, personaje fácilmente parodiable y por tanto reconocible) que se emite siempre a horas intempestivas, no se encuentra nada que se acerque a la idea que muchos científicos tienen de lo que debiera ser un programa ameno de divulgación científica. Los motivos de esta ausencia son varios y variados pero intentaré apuntar algunos de ellos. La sociedad española tradicionalmente (y generalizando) ha dado siempre mayor preponderancia pública a la gente de letras que a la de ciencias. Esta realidad se manifiesta claramente en cómo se adquiere en ella el título persona culta. Desgraciadamente es muy curioso observar cómo se admira y se respeta a personas muy cultivadas en letras que no sólo desprecian e ignoran unos mínimos conocimientos científicos, sino que de manera perversa parecen jactarse de ello, como si fuera un mérito, una muesca en su revólver, un tanto a apuntar en su lista de méritos contraídos para ser una persona culta. Leer a Ortega o citar a Sartre parece siempre más importante que saber cuáles fueron los trabajos de Ramón y Cajal o cuál fue la hipótesis de Plank. Conocer los fundamentos del existencialismo o hablar de las vanguardias del siglo XX siempre será más elegante y social que conocer la teoría de Maxwell sobre la naturaleza de la luz o los trabajos de Einstein. Leer a Borges o Cortázar por tanto, mejor que intentar comprender por qué vemos el cielo de color azul. El problema es que todo lo anterior, las letras, las artes y las ciencias, todo, significan grandes logros de la humanidad, reflejos de la capacidad humana para crear, comprenderse a sí mismo, comprender los que nos rodea, hacerse preguntas y tratar de responderlas, y esas personas que antes señalé y que debieran ser luces de guía para la sociedad, ejemplos culturales, terminan alardeando de desconocer por completo el extraordinario mundo de las matemáticas (¿alguien se para a pensar alguna vez en la extraordinaria creación que supone el desarrollo de ese lenguaje?) mientras muestran, por supuesto, el mayor desdén hacia la falta de formación de las nuevas generaciones en latín o griego. Profundizando en la idea, igual no es que la sociedad se refleja en ellos, sino que tristemente ellos son un reflejo de la sociedad. Y no ayudan a transformarla.

El año pasado se celebró tumultuosamente el aniversario de El Quijote de Cervantes por su incuestionable contribución cultural. Programas de televisión, spots publicitarios, personajes relevantes leyendo fragmentos de la obra en público...También se celebró otro aniversario, el centenario de la publicación de la teoría de la relatividad de Einstein...¿Se imaginan a algunos de nuestros políticos o personajes de la cultura (a los que se les caía la baba, mientras leían la espléndida obra de Cervantes) leyendo textos explicativos de la teoría de Einstein y de su importancia, no sólo en el estricto campo de la ciencia, sino como proeza de la inteligencia humana y como aportación cultural?

La divulgación científica (no sólo a través de la televisión) es absolutamente necesaria para la educación global, pero para conseguir que fuera útil sería muy importante que, igual que socialmente tenemos muy claro cuáles son los mínimos conocimientos y actitudes de aprendizaje hacia las letras que se deben adquirir, tuviéramos igual de claro los mínimos exigibles en el campo de la ciencias, dándole así la importancia que tiene. Tal vez debiéramos empezar por poder decir sin pudor, que estos pretendidos personajes cultos de relevancia social que no saben nada del mundo de las ciencias son, sin lugar a dudas, unos analfabetos. Analfabetos científicos, en todo caso, podría intentar apuntar alguno para atenuar y difuminar la fuerza y la ofensa de esta palabra. No, analfabetos, sin más. Unos incultos. Para aclararlo adjunto una de las definiciones de la palabra cultura extraída del DRAE:

Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico.

A ver si alguien es capaz de explicarme el mundo en el que vivimos, como nos hemos desarrollado y nuestros posibles futuros sin tener al menos una base científica firme donde apoyarse.

Ps: Miles de científicos trabajan en España sin contrato, con míseras becas y sin cotizar a la Seguridad Social. Ningún gobierno ha terminado nunca con esta situación de clara explotación y utilización miserable de las ilusiones de muchos jóvenes, brillantes la mayoría de ellos, que tras años de formación en este país terminan por abandonar desilusionados sus carreras científicas o por marchar al extranjero en pos de las mínimas y exigibles condiciones laborales que disfrutan el resto de los trabajadores del Estado. En estos momentos, miles de ellos a los que se prometió seguridad y estabilidad con el programa de contratos Ramón y Cajal (ironías) pueden quedarse en la calle tras muchos años de rendir al máximo nivel y sin encontrar acomodo laboral acorde con sus brillantísimos currículums. A nadie parece importarle.

En España alguien dice que es doctor y no se duda...se le pregunta: ¿y en qué hospital trabajas?

Qué pena.